Introducción
En la Edad Media peninsular la repetición de nombres entre reyes y condes dificulta a menudo identificar a los personajes. Uno de los nombres más frecuentes es Sancho, que aparece en varios reinos y, en Castilla, siempre estuvo asociado a reinados breves y conflictivos.
Sancho II el Fuerte (1065‑1072)
Tras la muerte de Fernando I el Magno (1065), el reino se dividió entre sus hijos: Sancho II recibió Castilla, Alfonso VI León y García I Galicia. Sancho se lanzó contra sus hermanos, depuso a García y venció a Alfonso en la batalla de Golpejera (enero de 1072), obligándolo a huir a la taifa de Toledo.
Sin embargo, su dominio se vio amenazado en octubre de 1072 cuando los nobles leoneses y su hermana Urraca se refugiaron en la fortificada Zamora. Sancho decidió sitiar la ciudad, pero el 6 de octubre fue asesinado por el caballero Bellido Dolfos, según crónicas que varían entre describirlo como traición o como acto heroico contra un tirano.

Su muerte confirmó que, aunque heredó Castilla, también conquistó León y Galicia. Fue enterrado en San Salvador de Oña, símbolo de su condición castellana.
Sancho III el Deseado (1157‑1158)
Alfonso VII dividió su reino entre sus hijos, otorgándole a Sancho III la Castilla belicosa. En la primavera de 1158 surgieron tensiones con su hermano Fernando II de León, que culminaron en el tratado de Sahagún, donde ambos se reconocieron herederos mutuos y acordaron límites de conquista.

Sancho III murió el 31 de julio de 1158, dejando a su hijo Alfonso VIII, entonces de apenas dos años, como heredero.
Sancho IV el Bravo (1284‑1295)
Hijo de Alfonso X el Sabio, Sancho IV no estaba destinado a heredar el trono, que correspondía al infante Fernando de la Cerda. Tras la muerte de este último en 1275, Sancho se proclamó rey en 1284, pese a la oposición de la nobleza Lara y los partidarios de los infantes de la Cerda.
Su reinado estuvo marcado por tres conflictos principales: la disputa eclesiástica para obtener el permiso papal de casarse con María de Molina; la lucha contra la nobleza, que culminó con la muerte de Lope Díaz de Haro en Alfaro (1288); y la contienda con los pretendientes de la casa de la Cerda, que contó con apoyo francés y aragonés.
Sancho resolvió el último conflicto mediante el Tratado de Lyon (1288) con Felipe IV de Francia, que retiró el apoyo francés a la causa de la Cerda. En el frente musulmán, conquistó Tarifa y defendió la ciudad contra los benimerines en 1293.

Murió el 25 de abril de 1295 en Toledo. Desde entonces, ningún monarca castellano volvió a usar el nombre Sancho, probablemente por la mala reputación asociada a reinados cortos y turbulentos.
Un fenómeno similar ocurrió en Inglaterra, donde el nombre Enrique, tras ocho reyes, quedó fuera de la monarquía durante casi cinco siglos.