“Supongamos que Esparta quedara devastada y solo permanecieran sus templos con cimientos: con el tiempo su poder resurgiría, creo, en relación a su fama, sembrando serias dudas entre las generaciones futuras”. (1)
El aviso del historiador ateniense Tucídides es claro: entre la leyenda, a veces alterada por los siglos, y la realidad, existe un abismo que puede sorprender a cualquiera. La arqueología, hoy una disciplina científica, ha experimentado transformaciones profundas en su forma de estudiar y analizar el pasado.
Exploremos algunas fechas clave que han convertido a esta joven disciplina, antes plagada de sesgos, en un método científico riguroso con numerosos requisitos. El camino ha sido largo y aún queda mucho por recorrer.
Para contextualizar, la elección de un año fundacional es algo arbitraria y no genera unanimidad. Sin embargo, el siglo XVI marcó el inicio de un registro detallado y preciso de la arqueología como materia de estudio.
Los restos de Roma
En 1573, se puede afirmar sin pretensiones que nació una primera faceta de la arqueología moderna en Roma. Los papas prohibieron la destrucción de restos exhumados en crípticos sótanos y nombraron a un Comisionado de Tesoros, Antigüedades y Minas. Desde el principio, la arqueología se concibió como una práctica de rescate, aunque los métodos empleados sorprenderían a la arqueología contemporánea.
Los descubrimientos siguieron el ritmo de la expansión urbana. A principios del siglo, en 1506, se halló el grupo de Laocoonte, una copia romana de bronce helenístico (40/30 a.C.), que no pudo pasar desapercibida.

La emulación romana se extendió a otras naciones europeas. Jean‑Baptiste Colbert, ministro de Luis XIV, fundó en 1663 la Academia de Inscripciones y Bellas Letras, encargada de recopilar textos sobre monumentos y objetos del pasado.
Décadas después, bajo Luis XV, los abades François Sevin y Michel Fourmont fueron enviados a Constantinopla y Grecia para recolectar manuscritos griegos. Aunque la intención era loable, el proceso de excavación resultó dañino: el padre Fourmont destruyó y falsificó numerosos hallazgos. Él justificó sus actos diciendo:
“Es una cantera de mármol que debo explorar sin escrúpulos. Si derribo sus muros y templos, su lugar será ignorado. Solo con esto haré ilustre mi viaje al Morea, que de otro modo sería inútil para Francia y para mí”. (3)
Los primeros enfoques científicos
En 1784, en Arles, se fundó el primer Museo Arqueológico francés. La pasión por la arqueología cruzó el Canal de la Mancha, donde surgieron los “cabinets de curiosités”. Estos recintos, nacidos en el Renacimiento (segunda mitad del siglo XVI), reunían objetos heterogéneos motivados por la curiosidad y el deseo de comprender la complejidad del mundo.
Inicialmente elitistas, los gabinetes clasificaban animales disecados, objetos etnográficos y minerales. Sin embargo, la extracción descuidada de objetos de su contexto original provocó la pérdida de información esencial para su interpretación.
Un ejemplo de error interpretativo se refleja en un libro de texto que, bajo el título “esclavo golpeado”, muestra en realidad a un egipcio con circuncisión, distorsionando la información (4).

En 1794, el Abbé Grégoire denunció el vandalismo y abogó por la preservación de objetos y sitios antiguos. Legrand d'Aussy propuso un inventario sistemático de descubrimientos, elaboró censos por regiones y estableció jerarquías de importancia para las excavaciones, introduciendo también medidas contra el robo por parte de los trabajadores.
Estas primeras normas sentaron las bases de la multidisciplinariedad, aunque la verdadera integración de químico, anatomista y otros especialistas llegaría décadas después.
En 1822, Jean‑François Champollion descifró los jeroglíficos de la Piedra de Rosetta, abriendo la egiptología como disciplina. Chateaubriand elogió su aporte: “Sus descubrimientos perdurarán tanto como los inmortales monumentos que nos reveló”.
Otro hito fue la salvación de los restos de mármol de Pérgamo por el arqueólogo alemán Carl Humann, quien evitó su destrucción en los hornos de cal (ver referencia).
Modernidad contra el paso del tiempo
El siglo XIX estuvo marcado por descubrimientos extraordinarios, pero también por saqueos y rivalidades impulsadas por intereses geopolíticos.
Dos avances científicos transformaron la práctica arqueológica:
- 1937: Mortimer Wheeler (Británico) introdujo la excavación en cuadrícula, permitiendo leer la estratigrafía y comprender la organización espacial de los asentamientos.
- 1947: Willard F. Libby (estadounidense) desarrolló la datación por carbono‑14, una técnica que mide la desintegración del isótopo en restos orgánicos y permite fechar materiales de hasta 50 000 años.
Hoy la arqueología moderna se centra menos en textos antiguos y más en el trabajo de campo, incorporando técnicas como la micromorfología de sedimentos y el análisis de ADN del suelo. Recordemos que la excavación es, por naturaleza, un proceso destructivo que debe documentarse minuciosamente.

Regreso a Grecia
En 2021 una importante excavación en la isla de Eubea (Grecia) reveló los restos del templo de Artemisa Amarysia. El hallazgo oficial se produjo en 2017 gracias a la Escuela Suiza de Arqueología en Grecia.
Los textos de los geógrafos Strabón (siglo I a.C.) y Pausanias (siglo II d.C.) confirmaban la existencia del santuario, aunque un error de copia en la medida de “estadios” (confusión entre ζ y ξ) había desorientado a los investigadores. La corrección de este error permitió formular una hipótesis sólida en 1988, confirmada en 2017 con el descubrimiento de una teja con la inscripción “Artemidos”.
La pandemia de COVID‑19 y los incendios de verano de 2021 dificultaron las investigaciones, pero los estudios geofísicos y el análisis de antiguas humedades guiaron la búsqueda. En 2006, un bloque antiguo fue trasladado ilegalmente durante la construcción de una villa; al día siguiente, una pala reveló los cimientos monumentales.
Tras años de trabajo, se identificaron dos fases del templo: una destruida y reutilizada en la época bizantina. Se conservaron fundaciones, capas y fosas, y se recuperaron alrededor de 600 objetos: vasijas de terracota y bronce, figurillas pintadas, un casco, un escudo, joyas de oro, plata y piedras semipreciosas, y sellos con forma de escarabajos.
El estudio y la restauración de este material requerirán varios años; cada día de excavación suele traducirse en veinte días de análisis.


Figurilla de terracota de mujer sentada, santuario de Artemisa Amarysia
Fuentes y referencias
- 1) Tucídides, La Guerra del Peloponeso
- 2) Museo del Vaticano
- 3) Misiones arqueológicas francesas en Oriente, siglo XVII‑XVIII (Biblioteca Nacional de Francia)
- 4) Vaso del pintor de Pan, 470 a.C. (Conferencia de François Lissarrague)
- 5) Francia prehistórica de 1789 a 1941, Arnaud Hurel
- 6) Panteón egipcio, colección de personajes mitológicos (Biblioteca Nacional de Francia)
- 7) Universalis
- 8) Ilustración: CIRAM
- 9) Uniscope
- – Historia, Larousse.