Despreciado por los padres, el rock‑roll se convirtió en la banda sonora de una generación joven a mediados de los años 50, fascinada por el estilo de vida americano y ansiosa de nuevos comienzos y libertad. Al menos en Occidente.
Por Ulrike Bosse, NDR Info
Aunque el estatuto de ocupación se levantó diez años después del final de la Segunda Guerra Mundial, parte de las tropas aliadas permanecieron en Alemania por reservas del Acuerdo de París. Los ocupantes pasaron a ser potencias protectoras y aliadas, dejando huellas culturales. En el norte de Alemania predominan los británicos, mientras que los estadounidenses se concentran en el sur, y en 1958 llegaron con Elvis Presley, ídolo de millones de jóvenes y símbolo de libertad y rebeldía.
La “Moldava” en el tocadiscos: “Todo nos enfurecía”
Cuando Elvis Presley llegó a Alemania como soldado en 1958, Claus‑Kurt Ilge lo conoció. “Queríamos ser libres, queríamos nuestra propia cultura”, recuerda Ilge. De adolescente se enamoró del rock‑roll y de la cultura americana, en parte por el contacto con soldados estadounidenses, entre ellos Elvis. Pero también porque él y sus amigos estaban hartos del estilo de vida de sus padres: “Los domingos desayunábamos juntos. Luego ponían discos del armario musical. La Moldava sonaba lenta, luego rápida. Todo nos enfurecía, se puede decir”.
Los años 50 no fueron glamorosos para la mayoría
La mesa con forma de riñón, el delantal, el bar de leche y el sol de Capri son imágenes que hoy asociamos a los años 50, pero esa visión solo corresponde a finales de década y a familias acomodadas. La vida cotidiana de la mayor parte de los alemanes era diferente: mucho trabajo, escaso tiempo libre, escasez de vivienda, modelos tradicionales y estructuras autoritarias. Además, hasta mediados de la década la población vivía bajo un régimen de ocupación.
La vida bajo los Aliados resultaba humillante
Claus‑Kurt Ilge recuerda que su padre se sentía avergonzado por el comportamiento de los soldados estadounidenses. Nacido en 1942 en Bad Nauheim, Hesse, Ilge vio cómo los militares estadounidenses estacionados en Friedberg exigían apartamentos a los alcaldes: “El gran Grand Hotel, el general Patten... Los oficiales pedían ‘tantas viviendas antes de las 6 p.m.’ Algunas personas fueron desalojadas, otras tuvieron que subir al ático. Y allí vivían los ganadores”.
Helados y cigarrillos: objetos de deseo estadounidenses
En contraste, cuando era niño de jardín de infancia, Ilge tuvo experiencias positivas con los estadounidenses que invitaban a los pequeños a los barracones: “En la cantina nos servían. Allí probé mi primer donut, la primera glaseado americano”.
La diferencia entre la vida escasa en los hogares de sus padres y la opulencia de los soldados quedó grabada: “Los coches grandes, el helado, los cigarrillos, el whisky, los camarones… todo estaba allí”. Los jeans y los Mustang costaban 19,50 marcos y eran raros.
La prohibición de la fraternización obstaculizaba los contactos personales
Cuando la prohibición de fraternización se fue levantando en varias etapas, surgió un intenso trueque entre soldados aliados y alemanes. Ilge lo encontraba fascinante, aunque al principio lo veía desde lejos: “Los estadounidenses estaban entre ellos”. Tras la guerra, en primavera de 1944 los Aliados occidentales emitieron un decreto que prohibía cualquier contacto entre tropas y población alemana. Dos años después la política de ocupación favoreció la cooperación, aunque la prohibición ya no se respetaba en la práctica.
Las “Fräuleins” suavizan la prohibición
En la práctica, la prohibición se mitigó gracias a las “Fräuleins”, novias alemanas de los soldados estadounidenses. Los alemanes también fueron contratados en cantinas o como personal de limpieza, y a nivel político se asignaron oficiales estadounidenses a administraciones locales. “Inspeccionaban desfiles o abrían festividades juntos, los estadounidenses con los alemanes”.
Sin embargo, la relación no siempre fue fácil. En los años 50 se crearon zonas restringidas alrededor de algunos barracones para proteger a los civiles de posibles ataques, y el cuartel general estadounidense en Heidelberg impuso restricciones de salida para todos los GI estacionados en la República Federal.
Rock‑roll y vaqueros como expresión de rebeldía
Los jeans se convirtieron en objeto de deseo y símbolo de libertad. El contacto de Ilge con los estadounidenses y su amor por su estilo de vida se transmitieron a través de la música: “Radio AFN, la American Forces Network, era genial”. Allí escuchó por primera vez a Elvis, Bill Haley y Doris Day, y el americano se volvió un medio para rebelarse contra padres y maestros.
En su escuela estaba prohibido llevar vaqueros, considerados “ropa de trabajo primitiva”. “Si alguien aparecía con ellos, lo mandaban a casa”. Eso no detuvo a Ilge, que los usó una y otra vez.
Desvalorización de la cultura estadounidense como compensación de la impotencia
En el hogar, la generación mayor rechaza lo americano. “Mi abuela decía: ‘¿Cómo puedes ir allí? Son nuestros enemigos’. Yo le contestaba: ‘Abuela, no son enemigos, son los ganadores’”. Los adultos se sentían subyugados y menospreciaban todo lo estadounidense, considerándolo una cultura ajena y vacía.
Los jóvenes, sin embargo, estaban fascinados por el estilo de vida americano y adoptaron muchas ideas. Incluso intelectuales conservadores equiparaban la “americanización” con vacío cultural, criticando los cambios que acompañaban el milagro económico. Hoy los sociólogos afirman que los europeos compensaban su sensación de impotencia frente a la superioridad militar, política y económica de Estados Unidos.
A pesar de todo, el cine estadounidense es apreciado
Ir al cine era uno de los pasatiempos más populares de los años 50. Se proyectaban películas de estrellas alemanas como Heinz Rühmann o Hans Albers, pero entre 1949 y 1963 casi la mitad de los estrenos eran producciones estadounidenses.
“Cultura juvenil” en la RDA: un aparato educativo estricto
En la RDA el estilo de vida americano estaba más alejado, pero el liderazgo observaba con atención los desarrollos en Occidente y trataba de evitar su difusión. Se creó una “cultura juvenil” organizada desde arriba para formar a niños y jóvenes como “socialistas”. Desde 1945 se organizaron comités juveniles; en 1946 se fundó la Juventud Alemana Libre (FDJ) y en 1948 la organización pionera “Ernst Thälmann”. La pertenencia a la FDJ no era obligatoria, pero influía en el acceso a la educación superior.
Jeans y rock‑roll: pañuelos rojos para la dirigencia de la RDA
Para la dirigencia de la RDA la camisa azul de la FDJ era la prenda adecuada, no los “pantalones remachados” del Oeste, como llamaban a los vaqueros. La música americana también estaba desaprobada; aunque los jóvenes conocían y gustaban del programa de radio RIAS Berlin, los clubes de rock‑roll eran clausurados rápidamente. El órgano central de la FDJ, “Junge Welt”, describió a Elvis Presley como “canto estúpido, cara tonta y brutal”.
Elvis con tupé y caderas ondulantes: “Nuestro pionero”
Con “Love Me Tender” Elvis hizo vibrar a la juventud. Ilge, que escuchaba a Elvis en AFN, quedó fascinado desde el principio. En la portada del “mirror” vio por primera vez su propio reflejo: “Tenía la melena despeinada. Y nos pareció genial”. La película “Love Me Tender” se estrenó en Alemania bajo el título “Pulverdampf y hot Lieder”. Ilge la vio tres veces. Elvis se convirtió en su ídolo, a pesar de la censura en Estados Unidos.
El “Rey” llega como GI
Elvis Presley llegó a Alemania como soldado el 1 de octubre de 1958 en Bremerhaven, recibido por una multitud y varias cámaras. Ilge estaba allí: “Llevó su bolsa, bajó por la rampa y tomó el autobús al barracón en Friedberg”. La familia de Elvis se alojó en un hotel de Bad Nauheim, donde el joven de 16 años intentó ver al cantante. El primer contacto personal fue a través del chofer personal de Elvis, quien le dio su primer autógrafo.
Ilge se convierte en el “chico de Friedberg”
Después, Ilge entregaba revistas al cantante y le llevaba los últimos artículos antes de que llegaran a los quioscos. “Yo era su ‘chico de Friedberg’ y le llevaba periódicos cada semana”. A cambio, Elvis firmaba postales, discos y carteles. La noticia se difundió y fanáticos de todo el mundo le pedían autógrafos. Ilge, al principio reacio, empezó a enviarles los objetos firmados y Elvis lo agradeció: “Haces mucho trabajo para mí”.
Rock‑roll: rebelión y escape a un mundo más ligero
El Elvis amable como soldado y provocador como artista simbolizaba la rebeldía del rock de la época. Los conciertos terminaban en disturbios y el establishment los asociaba con “hooligans”.
Las estrellas de “Bravo” llevan ídolos a las fiestas
En 1956 apareció la primera edición de “Bravo” en Alemania; a partir de 1959 surgieron los recortes de estrellas. Para Ilge, el rock‑roll era la forma perfecta de distanciarse del hogar, rebelarse y escapar a un mundo más ligero, sin YouTube ni Instagram, pero con “Bravo” y sus fotos de estrellas. “Pegábamos 17 recortes para crear un Elvis de tamaño natural”. También Peter Kraus, Brigitte Bardot y otros íconos decoraban las paredes de los salones de fiestas.
El movimiento del rock‑roll ganó fuerza como vía de rebelión contra el mundo adulto y, según Ilge, “fue una liberación”.