En agosto de 1968, tropas de los países del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia, acabando con la ilusión de un “socialismo con rostro humano”. El Partido Socialista Unificado de Alemania (SED) apoyó la intervención desde la sombra, empleando presión política y propaganda.
Dubček y su "socialismo con rostro humano"
En enero de 1968 Alexander Dubček asumió la dirección del Partido Comunista de Checoslovaquia (KSC) y lanzó un ambicioso programa de reformas: flexibilización de la economía planificada, libertad de opinión e información, y una orientación del socialismo hacia la gente. La prensa recién liberada, la radio, los artistas y los estudiantes comenzaron a criticar el pasado y a protestar contra la guerra de Vietnam, generando un ambiente de debate público sin precedentes.
Resistencia interna en el SED
Los cambios en Praga inquietaron a la dirigencia del SED, liderada por Walter Ulbricht. La posible pérdida del monopolio del poder era una amenaza directa. Algunos miembros del propio partido empezaron a albergar esperanzas de que la libertad y la democracia pudieran llegar también a la RDA, lo que generó tensiones internas.
Los altos cargos del SED intentaron sabotear la reforma checoslovaca, apoyando a los llamados “fuerzas sanas” contrarias a Dubček y proporcionando ayuda material a sus opositores. A través de comités de partido y contactos empresariales, los delegados alemanes se presentaban como “maestros” ideológicos, aunque Ulbricht aún no pedía una invasión militar, solo presión.
Preparativos de la invasión
Desde el principio, el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) contempló la opción de una invasión, pero buscó primero una solución negociada con la KSC. El temor era que una victoria soviética sin resistencia consolidara una hegemonía que provocara más levantamientos. Por ello, el PCUS buscó el apoyo de los partidos fraternos del Pacto de Varsovia: Polonia, Hungría, Bulgaria y la RDA, formando lo que se llamó el “Quinto de Varsovia”.
La reunión de Dresde
El 23 de marzo de 1968, representantes de alto nivel de los cinco partidos se reunieron en Dresde. El SED estuvo presente. Dubček fue tachado de criminal y se le acusó de impulsar una “contrarrevolución”. El líder húngaro recordó la represión de 1956, insinuando que una intervención soviética era inevitable.
Ante la negativa de la KSC a retroceder, la presión política y militar aumentó mes a mes. Tras un último intento de diálogo fallido en Bratislava a principios de agosto, el PCUS decidió actuar, coordinando la movilización de tropas de los cinco países hermanos.
La invasión sin la NVA
Durante la noche del 21 al 22 de agosto de 1968, las fuerzas soviéticas y sus aliados cruzaron la frontera y ocupan Checoslovaquia en pocas horas. La KSC no ofrece resistencia. Fue la mayor operación militar en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, con alrededor de 150 víctimas.
Aunque el SED apoyó la invasión, la República Democrática Alemana (RDA) no envió a la NVA al territorio checo. La memoria de la ocupación nazi aún era muy viva; los alemanes temían reavivar esa herida. Sin embargo, dos divisiones de la NVA permanecieron en la frontera a la espera de órdenes.
Propaganda del SED: la emisora "Vltava"
El SED utilizó la radio como herramienta de apoyo. La emisora checa "Vltava", creada por el Departamento de Agitación del Comité Central del SED y con su transmisor en Wilsdruff, cerca de Dresde, empezó a difundir el día de la invasión, alegando que la KSC había solicitado ayuda extranjera contra fuerzas contrarrevolucionarias. Fue silenciada en la primavera de 1969 tras intensas protestas checas.
Protestas en la RDA
Muchos ciudadanos de la RDA reaccionaron con rechazo ante la operación militar, considerando que se violaba el derecho a la autodeterminación. Se realizaron pequeñas manifestaciones que terminaron con cientos de arrestos. El SED intentó forzar la aprobación mediante campañas de firmas en fábricas e instituciones estatales, pero la imagen de la represión en Praga quedó grabada en la conciencia popular, sirviendo como advertencia de lo que sucedería si se desafiaba la línea del partido.