El derecho romano sentó las bases de la mayoría de los sistemas jurídicos contemporáneos. Libertades como la expresión, la propiedad privada, la actividad económica y la libertad de credo provienen de la cultura legal de Roma y fueron adoptadas posteriormente por Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, Alemania y, a través de la modernización Meiji, también por Japón.
En Japón, universidades como Waseda, Chuo, Meiji y Hosei nacieron como facultades de derecho; muchos de sus profesores dominan el latín, lo que muestra la vigencia de la herencia romana.
El Senado y la autoridad de la damnatio memoriae
La damnatio memoriae era una sentencia decretada exclusivamente por el Senado, la máxima autoridad legislativa de Roma. Originado en la monarquía como consejo del rey, el Senado se transformó en el órgano supremo durante la República y mantuvo su influencia bajo el Imperio. Solo quienes contaban con el reconocimiento del Senado podían ser considerados emperadores oficiales.
Los senadores eran, en esencia, los predecesores de los actuales parlamentarios: praetores, cónsules, censores y otros cargos electos que formaban la élite política.
Aplicación de la damnatio memoriae
Emperadores condenados
La sentencia se reservó a unos pocos casos emblemáticos. Entre los emperadores a los que se intentó aplicar están Nerón y Calígula, considerados tiranos, y el propio Adriano, uno de los "Cinco Buenos Emperadores". En el caso de Adriano, la condena fue anulada cuando su sucesor, Antonino Pío, intercedió ante el Senado.
Otros casos definitivos fueron:
- Domiciano: su sucesor Nerva ordenó su borrado total.
- Geta: hermano de Caracalla, cuyos retratos fueron destruidos tras su asesinato.
- Estilicón: general de gran talento que cayó en desgracia bajo el emperador Honorio; su memoria fue eliminada sin posibilidad de revocación.
Ejemplos de revocación
En varias ocasiones la condena fue revertida. La de Adriano, como se mencionó, y la de Nerón, cuya reputación fue parcialmente rehabilitada por Vitelio. Calígula, por su parte, escapó de la ejecución gracias a la intervención del siguiente emperador, Claudio.
La damnatio memoriae fuera de Roma
El principio de borrar a personas consideradas indeseables se replicó en regímenes posteriores. El ejemplo más conocido es el de Iósif Stalin en la URSS, donde se eliminaron fotos y nombres de funcionarios caídos en desgracia, como Yezhov o Lin Biao, en la China comunista. Estas prácticas recuerdan la intención original de borrar todo rastro del individuo.
El caso más amplio: Teodosio I
Aunque nunca se emitió formalmente una damnatio memoriae contra él, el emperador Teodosio I realizó la mayor supresión documental de la historia. Tras declarar el cristianismo religión oficial, ordenó la destrucción de los templos paganos y de las estatuas de Júpiter, borrando gran parte del patrimonio cultural romano.
Irónicamente, la mayor parte de la historia que conocemos hoy proviene de los restos de Pompeya, que sobrevivió bajo la ceniza del Vesubio, mientras que la información posterior a esa época se perdió en gran medida.
Reflexión sobre la memoria y el honor
Los romanos, al igual que el bushido japonés, valoraban enormemente el honor y la permanencia de la memoria. Tener una estatua era el máximo reconocimiento; su destrucción equivalía a la peor vergüenza. Como reza el manga One Piece, "La verdadera muerte es ser olvidado", y la damnatio memoriae representa la condena suprema en esa lógica.
En última instancia, la práctica muestra cómo el deseo humano de ser recordado trasciende culturas y épocas.