
Introducción
Tras la tetrarquía iniciada por Diocleciano y la restauración del poder absoluto bajo Constantino, los sucesores del emperador adoptaron una política de división y enfrentamientos que sumió al Imperio en una serie de conflictos sangrientos. Fue el emperador Juliano quien logró, aunque brevemente, estabilizar la situación.
Infancia cautiva
Juliano era hijo de Juliano Constancio, medio hermano de Constantino y descendiente del primer Constancio. Su padre, Constancio, se casó con Teodora, hija del emperador Maximiano, tras separarse de Helena, esposa original de Constantino.
Cuando murió Constantino, el trono quedó en manos de ocho herederos. Dos de ellos, el padre de Juliano y su hermano menor Hannibalianus, fueron asesinados en circunstancias sospechosas, probablemente por una conspiración encabezada por los hijos de Constantino o por eunucos de la corte.
Los supervivientes, Gallio y Juliano, fueron mantenidos bajo una especie de prisión de lujo, trasladándose entre las capitales de Constantino: Nicea, Nicomedia, Pérgamo y Constantinopla. En ese entorno, el joven Juliano recibió una educación clásica y estudió filosofía griega.
El emperador Constancio, sin experiencia militar, nombró a Gallio, quien había sido encarcelado, como co‑emperador. Gallio mostró una conducta tiránica y fue ejecutado por Constancio, mientras que Juliano quedó como el único heredero viable.
Juliano como César (vice‑emperador)
En el año 355 d.C., a los 24 años, Juliano fue nombrado César, encargado de la parte occidental del Imperio y de las fronteras germánicas. A pesar de su falta de experiencia militar, se le confió la defensa contra los pueblos germánicos, pues no había otro miembro de la familia imperial disponible.
Juliano cruzó los Alpes en invierno con un reducido séquito y llegó a la Galia, una provincia aún marcada por la rebelión del general usurero Magnencio y por continuas incursiones germánicas. Su gestión fue notable: derrotó a los alamanes y a los francos que ocupaban Colonia.
Victoria en la batalla de Estrasburgo (Argentoratum)
En el 357 d.C. se libró en Estrasburgo, conocida como la encrucijada de Europa, una de las batallas más decisivas del conflicto romano‑germánico. Los alamanes, con unos 35.000 guerreros, atacaron la Galia romana; Juliano contaba con apenas 13.000 soldados.
Contra todo pronóstico, Juliano salió victorioso. Según las crónicas, lideró la carga a pie, lo que reforzó su autoridad entre los oficiales y difundió su fama por todo el Imperio. La población romana empezó a verlo como el futuro emperador.
Constancio intentó enviar refuerzos, pero los galos, que no querían abandonar su tierra, apoyaron a Juliano como emperador y bloquearon la ayuda. Cuando Constancio se dirigió al oeste, cayó enfermo y murió en el camino, nombrando a Juliano su sucesor.
Juliano ingresó a Constantinopla y organizó los honores fúnebres de su predecesor, consolidándose como el nuevo emperador.
El “apóstata” Juliano
Históricamente se le ha llamado “apóstata” porque, a diferencia de Constantino, no favoreció al cristianismo. Juliano proclamó la libertad religiosa y anuló los privilegios que había concedido el Edicto de Milán a los cristianos, sin perseguirlos abiertamente.
Su postura no fue tanto una persecución como una restauración del paganismo tradicional y del predominio del Senado. Sin embargo, los burocratas cristianos, que ya ocupaban puestos clave, vieron sus reformas como una amenaza y se opusieron firmemente.
Juliano intentó revertir la creciente influencia cristiana en la administración y en el ejército, pero la estructura burocrática, inflada y costosa, ya estaba arraigada y dificultaba cualquier intento de reforma.
Expedición persa y muerte

En 363 d.C., impulsado por la necesidad de una nueva amenaza tras los constantes ataques germánicos, Juliano lanzó una campaña contra el Imperio sasánida de Persia, gobernado por Shapur II.
Con un ejército de aproximadamente 80.000 hombres, avanzó hasta los alrededores de Ctesifón. A pesar de obtener éxitos iniciales, la resistencia persa adoptó tácticas de guerrilla que desgastaron a las legiones romanas.
Durante una escaramuza, Juliano resultó herido mortalmente por una lanza. Algunas fuentes afirman que la frase final del emperador, "Galos, triunfaréis", fue una referencia a sus tropas galas, mientras que otras sugieren que su muerte fue provocada por cristianos.
Su fallecimiento marcó el fin de la última etapa de un emperador no cristiano; a partir de entonces, todos los sucesores fueron cristianos.
Consecuencias posteriores
Tras la muerte de Juliano, el ejército proclamó a Joviano como emperador, aunque su reinado fue breve y murió en el regreso a Constantinopla, bajo sospechas de asesinato. Le siguió Valentiniano I, el primer emperador germánico y cristiano del Imperio.
Valoración personal de Juliano
Juliano ha sido evaluado de forma desigual a lo largo de la historia. Desde la perspectiva cristiana, es visto como un apóstata que intentó revertir el avance del cristianismo. Sus políticas, aunque ambiciosas, no lograron consolidarse: ganó las guerras contra los germanos, pero fracasó en Persia.
La falta de apoyo interno, la burocracia cristiana y los errores estratégicos (como dividir su ejército) contribuyeron a su derrota. Sin embargo, su intento de restaurar el paganismo y el poder senatorial refleja una visión del Imperio que, de haber sobrevivido, podría haber tomado un rumbo muy distinto.
En definitiva, Juliano representa a un gobernante que desafió la corriente dominante de su tiempo, pero que no pudo superar las estructuras ya establecidas.