Introducción
La Transición española, comprendida entre la muerte de Franco (20 de noviembre de 1975) y la victoria electoral del PSOE (28 de octubre de 1982), supuso el paso de una dictadura a una democracia. Ese proceso se desarrolló a través de pactos y negociaciones entre las fuerzas franquistas y las fuerzas democráticas. Cada negociación reflejaba una relación de fuerzas: el régimen franquista contaba con el apoyo institucional y una parte de la población alineada sociológicamente con el régimen; la oposición poseía legitimidad democrática, respaldo internacional y una base activa aunque reducida. La continuidad del franquismo era imposible, pero la implantación de una democracia sin la colaboración de sectores reformistas del régimen tampoco era factible, de ahí la necesidad de una convergencia entre ambos bloques.
Violencia durante la Transición
Se suele presentar este proceso como un modelo de transformación pacífica de una dictadura, resaltando la capacidad negociadora de los líderes políticos. Sin embargo, la Transición estuvo lejos de ser ejemplar y pacífica. El nivel de violencia política fue mucho mayor que el de la Revolución de los Claveles en Portugal (25‑abril‑1974) o la caída de la dictadura de los coroneles en Grecia (24‑junio‑1974), donde no se registraron muertes o se contabilizaron menos de una docena de víctimas.
En los últimos años se ha cuestionado la Transición culpándola de algunos problemas actuales de la democracia española. Esa acusación carece de sentido histórico: exigir mayor dureza a las fuerzas democráticas de entonces ignora la realidad de un contexto en el que sectores franquistas recalcitrantes, pese a estar debilitados y sin apoyo internacional, mantenían el control de la judicatura, la policía, las fuerzas armadas y otros recursos de poder, actuando a menudo con total autonomía del gobierno. Además, el miedo al golpe militar (Tejero y otros en 1981) y a una nueva guerra civil frenó las movilizaciones populares, favoreciendo opciones moderadas.
Datos de la violencia política (1975‑1981)
Paloma Aguilar e Ignacio Sánchez Cuenca contabilizaron 665 muertos por violencia política entre 1975 y 1981. La distribución es la siguiente:
- Acción represiva del Estado: 162 fallecidos (24 %).
- Grupos terroristas nacionalistas: 361 fallecidos (54 %).
- Grupos terroristas de extrema izquierda: 67 fallecidos (11 %).
- Grupos terroristas de extrema derecha: 57 fallecidos (10 %).
Así, la Transición fue un escenario de convergencia de fuerzas que recurrieron al terrorismo. La represión policial, dirigida por mandos franquistas, se enfocó contra la izquierda, agravando los conflictos, pero no fue la causa principal de la violencia terrorista. Cada grupo tenía sus propios objetivos: independencia territorial, reacción a la acción de ETA, intimidación de la izquierda (extrema derecha) o ataques a las clases dominantes (extrema izquierda). Sus acciones aumentaron la inestabilidad y obligaron a los sectores moderados a buscar una estabilización del sistema político.
La masacre de Atocha
Uno de los episodios más paradigmáticos fue la masacre de Atocha. El 24 de enero de 1977, tres pistoleros de extrema derecha irrumpieron en la oficina del Servicio de Relaciones Laborales ubicada en la calle Atocha 55, Madrid. Los ocupantes estaban vinculados al sindicato CC.OO. y al Partido Comunista de España (PCE), aún ilegal. El ataque dejó cinco muertos —Enrique Valdevira, Luis J. Benavides, Francisco J. Sauquillo, Serafín Holgado y Ángel Rodríguez— y cuatro heridos. Fue una provocación dirigida a la izquierda comunista para dificultar su legalización e inclusión en el nuevo orden democrático.
El contexto de este atentado se inscribe en la reacción de la extrema derecha tras la liberación de Santiago Carrillo, que había sido detenido en diciembre de 1976 y liberado poco después. Días antes del ataque se produjeron dos asesinatos de militantes de izquierda (uno a manos de Triple A y otro en una manifestación) y un asalto a una oficina de la UGT en Madrid, que entonces estaba vacía.
La respuesta del PCE y de la izquierda fue distinta a la esperada por los sectores reaccionarios. El entierro de las víctimas se convirtió en una gran manifestación pacífica; la solidaridad se extendió por todo el país mediante huelgas y actos de apoyo. La moderación del Partido Comunista favoreció su legalización el 9 de abril de 1977, durante la Semana Santa.
El Gobierno no permaneció impasible. La prioridad policial fue la captura de los asesinos para dar credibilidad al proceso democratizador. Los culpables fueron detenidos pocos días después; todos estaban vinculados a la Falange Española o a Fuerza Nueva, y las investigaciones apuntaron también a la posible implicación de la red Gladio, una organización de extrema derecha de origen italiano.
Conclusiones
La masacre de Atocha constituye un hito de la violencia política de la Transición, ejemplificando cómo los sectores más reaccionarios del franquismo intentaron impedir cualquier avance hacia la democracia. No obstante, la violencia no provino exclusivamente de la derecha; también participaron grupos nacionalistas y de extrema izquierda, complicando aún más el proceso. Finalmente, pese a sus imperfecciones, la Transición dio paso a un sistema democrático fruto de la interacción entre fuerzas políticas y sociales de la época.
Bibliografía
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