
La batalla de Cannae, conocida en inglés como “Battle of Cannae”, es uno de los enfrentamientos más famosos de la historia militar.
Para comprender por qué se considera la peor derrota de Roma, repasemos brevemente los acontecimientos que la precedieron.
Antecedentes: la Segunda Guerra Púnica
Veintidós años después de la Primera Guerra Púnica, cuyo origen estuvo en la disputa por Sicilia, estalló la Segunda Guerra Púnica, también llamada la guerra de Aníbal.
Hannibal Barca, hijo del general cartaginés Hamilcar, decidió cruzar los Alpes con su ejército para atacar directamente Italia, una hazaña que sorprendió a todo el mundo romano.

Tras vencer en las batallas del Ticinus, el Trebia y el río Trasimeno, Hannibal dejó a Roma en una situación de emergencia. Por primera vez en 32 años, los romanos nombraron a un dictador: Fabius Máximo, quien optó por una estrategia de desgaste y evitó el combate directo.
Sin embargo, el Senado, ansioso por una victoria decisiva, destituyó a Fabius y nombró consules a Lucio Emilio y a Cayo Terencio Varrón, lo que condujo al enfrentamiento en Cannae.
Los ejércitos en cifras
Las fuentes varían, pero se estima que el ejército romano contaba con unos 70 000 soldados, mientras que el cartaginés tenía alrededor de 50 000.
La verdadera ventaja de Hannibal residía en su caballería. Contaba con unos 10 000 jinetes númidas, considerados los mejores de la época, frente a apenas 6 000 caballeros romanos. Además, la calidad y la experiencia de la caballería cartaginesa superaban ampliamente a la de Roma.
La derrota de la legión romana
Los romanos empleaban la legión, mientras que los cartagineses utilizaban formaciones más flexibles, como la falange griega adaptada a su estilo de guerra.

Hannibal dispuso a sus tropas en forma de “cuña” o “cóncava”. El centro, formado por infantería ligera, estaba destinado a ceder terreno y atraer a los romanos hacia el interior del perímetro.

Cuando la legión romana cargó contra el centro, los cartagineses retrocedieron, dejando que los romanos se hundieran en una trampa. Simultáneamente, la caballería númida atacó los flancos, rodeando y aplastando a las fuerzas romanas.

El resultado fue catastrófico: de los 70 000 soldados romanos, apenas quedaron 10 000 sobrevivientes, muchos de los cuales fueron capturados. El cónsul Lucio Emilio cayó en combate y 80 de los 300 senadores murieron. Las bajas cartaginesas fueron alrededor de 5 000, mayormente mercenarios galos.
Consecuencias para Roma
La derrota de Cannae fue la más devastadora de la historia romana, pero la ciudad no se derrumbó. Dos figuras clave surgieron para guiar la recuperación: Fabius Máximo, el “escudo de Roma”, y Marco Claudio Marcelo, la “espada de Roma”.
Al mismo tiempo, un joven oficial romano absorbió las lecciones de Hannibal y, años después, se convertiría en el gran estratega que derrotaría al cartaginés: Publio Cornelio Escipión, conocido como Escipión el Africano.
El verdadero perdedor no fue el ejército que cayó, sino quien no supo aprender de la derrota. Roma, al absorber la táctica de Hannibal, se fortaleció y, décadas después, conquistó los grandes poderes de Asia.
Conocer la propia derrota es la clave para volverse más fuerte. Esa es la esencia de Roma.