Los bucaneros, conocidos en Japón como "piratas del Caribe", fueron corsarios que, con la autorización de Inglaterra, atacaron los barcos españoles desde la segunda mitad del siglo XVI hasta el siglo XVII. A menudo se les llama "privados" o "corsarios".
El bucanero más famoso fue Henry Morgan, una figura que marcó el siglo XVII en el Caribe.
Los bucaneros y Henry Morgan
Nacido en Gales en 1635, Morgan llegó a Jamaica después de trabajar cinco años en plantaciones de Barbados. Tras un período de actividades poco documentadas, se sabe que a los 30 años ya había asaltado la ciudad de Granada (Nicaragua), adquirido una finca con el botín y contraído matrimonio con la hija del gobernador general de Jamaica.
En Inglaterra, los piratas eran vistos como aliados estratégicos: desde la época de la reina Isabel I, el gobierno británico los utilizó para debilitar a España, su principal rival. Gracias a estos corsarios, Gran Bretaña se consolidó como una potencia mundial, y muchos de ellos todavía son recordados como héroes.
Al casarse con la hija del gobernador, Morgan se convirtió en comandante de una flota de corsarios, liderando alrededor de 500 hombres y atacando sin piedad los barcos y territorios españoles.
La toma de Portobelo
Cuando Morgan ancló frente a Portobelo (actual Panamá), ingresó a la ciudad de noche en canoas. Tras observar la disposición de las defensas españolas, sus hombres combatieron y los soldados españoles se rindieron, entregando la ciudad.
Durante el asalto al monasterio, Morgan capturó a un sacerdote y a una monja, utilizándolos como escudos humanos, una práctica que reflejaba la crueldad de los conflictos religiosos entre protestantes británicos y católicos españoles.
Exigió un rescate al gobernador de Panamá, entregándole oro y plata almacenados en la ciudad antes de continuar sus saqueos por el Caribe.
La expedición a Panamá
Esta campaña fue la que consagró el nombre de Morgan en la historia.

En aquel entonces, el istmo de Panamá era una ruta estratégica difícil de atacar. Sin embargo, al escuchar rumores de un posible ataque español a Jamaica, Morgan decidió actuar antes de que le pudieran detener.
Comandó una flota de 36 barcos y más de 1 500 marinos. Primero ocupó la isla de Santa Catalina, frente a la costa de Nicaragua, donde estableció una base de suministro. Luego capturó el fuerte San Lorenzo, en el istmo, y descendió por el río Chagres en canoas para atacar Panamá por tierra.
Tras una dura batalla de más de cinco horas, los españoles fueron derrotados. Los habitantes, al verse superados, incendiaron la ciudad y huyeron con sus tesoros, lo que limitó el botín que Morgan pudo obtener.
Detectando el peligro, Morgan abandonó Panamá dejando a parte de su tripulación, que sufrió hambre y algunas muertes, y regresó apresuradamente a Port Royal, su base en Jamaica.
Mientras tanto, Inglaterra había firmado el Tratado de Madrid con España, comprometiéndose a no atacar territorio español. La falta de comunicaciones rápidas hacía que Morgan fuera repatriado a Inglaterra sin enfrentar consecuencias legales.
El héroe caballeresco

Al volver a Inglaterra, Morgan fue recibido con honores. A pesar del tratado, su campaña había debilitado significativamente a España, y la Corona británica lo recompensó con el título de caballero y el cargo de teniente gobernador de Jamaica.
El rey le ordenó que persiguiera a los piratas, pues Gran Bretaña había dejado de apoyar la corsa. Los que cerraran sus actividades piratas en tres meses recibirían tierras; los que se negaran, la muerte.
Así, el propio Morgan pasó de ser el mayor bucanero a convertirse en cazador de bucaneros. Murió en 1683 en su finca de Jamaica, y su funeral fue tan solemne que toda la isla se vistió de luto.
Valoración personal de Henry Morgan
Henry Morgan es, sin duda, uno de los símbolos más representativos de los piratas del Caribe. Sus acciones como corsario permitieron a Inglaterra desplazar a España del control mundial, y el botín obtenido fortaleció la economía británica, sentando bases para el posterior auge del Imperio.
Se puede afirmar que la prosperidad del Imperio Británico estuvo, en parte, alimentada por la riqueza saqueada por bucaneros como Morgan.