Contexto histórico de la trata de esclavos
Desde el siglo VIII, los musulmanes que dominaban el norte de África capturaban y exportaban millones de africanos a través del Sahara y los puertos del Mar Rojo e Índico. Con la llegada de los portugueses en el siglo XV, el control de la trata se desplazó a la costa occidental, donde los portugueses abastecían a los mercados europeos y los árabes al Oriente.
El descubrimiento de América abrió un nuevo destino para estos cautivos. Aunque los españoles fueron los primeros en usar mano de obra africana en sus colonias, durante el siglo XVI la ruta atlántica estuvo prácticamente monopolizada por los portugueses, que vendían esclavos a cambio de una parte de los beneficios.
El joven Estebanico
Entre los esclavos vendidos por los portugueses se encontraba un hombre que más tarde sería conocido como Estebanico (también llamado Estevanico, Esteban el Negro o Esteban el Moro). No se conocen datos de su vida antes de su captura en 1513; su nombre cristiano le fue impuesto por sus captores.
En junio de 1527 Estebanico apareció como esclavo de Andrés Dorantes de Carranza en la expedición del conquistador Pánfilo Narváez, que zarpó de Sanlúcar de Barrameda con el objetivo de colonizar la Florida.
La catástrofe de la expedición de Narváez
Tras reabastecerse en las Islas Canarias, la flota llegó a Santiago de Cuba a finales de septiembre. Una serie de deserciones, tormentas y decisiones equivocadas retrasó la llegada a la bahía de Tampa hasta abril de 1528. Narváez dividió su fuerza: 300 hombres marcharon por tierra hacia el norte y el resto siguió por la costa.
El contingente terrestre se internó en territorio de los Apalaches, pero la escasez de alimentos y la hostilidad indígena obligaron a la retirada. Con apenas 240 hombres, pocos caballos y sin herramientas, los sobrevivientes construyeron balsas rudimentarias y, el 22 de septiembre, abandonaron la costa en cinco embarcaciones que los llevaron a México.
Supervivencia en Texas
Dos meses de tormentas, enfermedades y hambre redujeron la expedición a 80 hombres. Tras un huracán que hundió las balsas cerca de la isla de Galveston (Texas), los sobrevivientes, entre ellos Estebanico, arribaron a la costa sur de lo que hoy es Texas.
Durante los siguientes cuatro años su número se redujo hasta quedar sólo cuatro: Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Alonso del Castillo Maldonado, Andrés Dorantes de Carranza y Estebanico. Capturados y esclavizados por tribus nativas, lograron sobrevivir gracias al conocimiento médico de Cabeza de Vaca y a la habilidad de Estebanico para aprender lenguas y mediar entre distintas comunidades.
Regreso a México y la leyenda de las Siete Ciudades
Tras recorrer la zona que hoy delimita México y Estados Unidos, el grupo llegó al río Grande, vivió con cazadores de bisontes y, finalmente, encontró a otros españoles en la ribera del río Sinaloa. Regresaron a la capital del Virreinato de la Nueva España, donde el virrey Antonio de Mendoza y Pacheco los recibió con gran interés.
Los relatos de los supervivientes alimentaron la leyenda de las Siete Ciudades de Cíbola, una versión norteña del mito de El Dorado. El virrey organizó una expedición para localizar esas ciudades míticas.
Estebanico, guía de la expedición de los Zuni
Andrés Dorantes cedió la “propiedad” de Estebanico al virrey, que lo nombró guía de la nueva misión encabezada por el fraile Marcos de Niza. Con su amplio conocimiento del territorio, Estebanico lideró al grupo y solicitó la ayuda de nativos que había conocido en su anterior odisea.
Los mensajeros indígenas informaron a la expedición que estaban cerca de las legendarias ciudades doradas. Sin embargo, antes de llegar, los emisarios trajeron la noticia de que Estebanico había sido asesinado por los zuñi (actual Nuevo México).
Ante la amenaza de un ataque hostil, Marcos de Niza creyó la información y regresó a México, reportando el supuesto descubrimiento. La versión oficial sitúa la muerte de Estebanico en 1539, convirtiéndolo en el primer africano en pisar el suroeste de lo que hoy es Estados Unidos y el norte de México.
La verdadera suerte de Estebanico
Investigaciones posteriores sugieren que Estebanico fingió su muerte para obtener la libertad y vivió el resto de sus días entre los zuñi. Su legado quedó como el de un navegante, traductor y mediador que abrió la ruta de los primeros contactos europeos con el interior de Norteamérica.
«He visto una ciudad tan bella que supera a México; sus casas son de piedra y su población mayor que la de la capital. Pero temí que, si moría allí, no habría quien narrara lo que vi...» – relato atribuido a Marcos de Niza sobre la supuesta Cíbola.
El virrey envió una segunda expedición, liderada por Francisco Vázquez de Coronado**, que demostró que la historia de las Siete Ciudades era un mito. Mientras tanto, Estebanico desapareció del registro histórico, pero su figura sigue siendo símbolo del cruce cultural entre África, Europa y América.