En la segunda mitad del siglo XVI, la costa japonesa empezó a recibir barcos portugueses y españoles que cruzaban el Pacífico como si fueran de Santurce a Bilbao. Además de sedas y especias, estos barcos transportaban a misioneros, mayormente jesuitas, ansiosos por evangelizar tierras paganas. Entre la nobleza japonesa había quienes miraban la nueva fe con curiosidad, y uno de los más receptivos fue Oda Nobunaga, el primer gran unificador del archipiélago.
Llegada de Yasuke a Kioto
En 1581, el padre de los jesuitas en Japón, Alessandro Valignano, llegó a Kioto acompañado de un hombre de origen desconocido, que los japoneses bautizaron como Yasuke. Según los cronistas, era "un negro tan oscuro como los etíopes de Guinea, originario de Mozambique, considerado un Kaffir del Cabo de Buena Esperanza".
Probablemente no fuera el primer africano en pisar Japón —era habitual que los galeones europeos trajeran esclavos— pero sí el primero que los habitantes de Kioto vieron. La curiosidad popular se desbordó: multitudes se agolparon frente a la residencia jesuita, y se llegaron a producir altercados para conseguir un buen lugar desde el cual observar al misterioso hombre de piel como el carbón.
El asombro de Nobunaga
Cuando Nobunaga se enteró del alboroto, convocó al jesuita y, al ver a Yasuke, quedó pasmado. Para comprobar que no se trataba de una ilusión, ordenó que lo sumergieran en agua y lo frotaran con jabón; la oscuridad permaneció, confirmando que la piel era verdaderamente negra.
Fascinado por la novedad, Nobunaga pidió al sacerdote que le entregara a Yasuke para que lo pusiera a su servicio.
Yasuke al servicio del señor Oda
Los relatos de la época describen a Yasuke como un hombre de 26‑27 años, corpulento y fuerte como un buey, con la fuerza de diez hombres y buen juicio. Pronto se convirtió en un miembro destacado del séquito de Nobunaga, generando envidias e intrigas dentro del palacio. Algunas fuentes afirman que Nobunaga incluso consideró nombrarle señor de un castillo y, aunque no hay pruebas concluyentes, se ha especulado que pudo haber sido armado como samurái.
El fin de la era de Nobunaga
En 1582, durante el famoso ataque del general Akechi Mitsuhide al templo de Honnoji en Kioto, Yasuke habría formado parte de la pequeña guarnición leal que defendía a Nobunaga. Tras la caída del templo, los rebeldes lo capturaron y, en lugar de ejecutarlo, lo entregaron a los jesuitas, enviándolo al "templo de los bárbaros" (la iglesia jesuita).
Se presume que bajo la tutela de los frailes Yasuke fue trasladado a Goa u otra misión jesuita en Asia. No se sabe con certeza si regresó a Mozambique o murió en el extranjero, pero su legado quedó como el de un africano que sirvió al señor más poderoso de Japón.
Fuentes
Crónica del señor Nobunaga – Ota Gyuichi; Interracial Intimacy in Japan: Western Men and Japanese Women – Gary Leupp; Histoire ecclésiastique des îles et royaumes du Japon – François Solier.