Ibrahim ibn Jakub, un viajero judío de la España musulmana, fue el primero en escribir sobre el estado polaco. En su crónica describe las costumbres de los eslavos, los valientes guerreros del príncipe Mieszko y los pueblos con los que la Polonia de su tiempo compartía fronteras. Entre ellos, menciona la misteriosa Ciudad de las Mujeres.
Aunque la obra original se ha perdido y solo quedan resúmenes medievales, la crónica de Ibrahim es una de las fuentes más valiosas para la historia temprana de Polonia. Gracias a ella podemos aproximar los límites del territorio cuando Mieszko I fundó el estado.
¿Con quién limitaba Polonia al norte? Según Ibrahim ibn Jakub (mapa: Poznaniak, CC BY‑SA 3.0) …
Los historiadores se enfrentan a un problema: el viajero afirma que al norte Polonia no confinaba con los pomeros, sino con… ¡las Amazonas! Los libros de texto suelen omitir este pasaje para no confundir a los estudiantes, pero aquí lo analizamos.
Al oeste de Burus se halla la Ciudad de las Mujeres. Posee tierras y esclavos, y las mujeres se embarazan con sus esclavos. Si una mujer da a luz a un varón, lo mata. Montan a caballo y participan directamente en la guerra, destacando por su fuerza y ferocidad. Ibrahim, hijo de Jacob el israelita, asegura que la noticia es cierta; Hótto, rey romano, le habló de ella. Al oeste de esa ciudad vive una tribu eslava llamada los Weltaba.
Burus son, sin duda, los prusianos, y Weltaba corresponde a los wolinos o wileci, habitantes de la cuenca del Óder y la zona de Połabie. Por lo tanto, la Ciudad de las Mujeres debería situarse cerca de Gdańsk o Kołobrzeg. En realidad podría referirse a un territorio entero de mujeres; la palabra árabe madīna abarca ambos sentidos. Ibrahim jura que el propio rey (más tarde emperador) alemán Otto I le contó todo.
Un grabado del siglo XVII muestra a la reina de las Amazonas, Tálestris, ante Alejandro Magno. ¿Podría Mieszko I haber aspirado a semejantes honores?
Resulta improbable que las Amazonas vagaran por Pomerania y que nuestro primer monarca las combatiera. Dos explicaciones se plantean: quizá Otto I hizo una broma sobre un viajero exótico, o tal vez en la corte alemana se creía realmente en ellas, lo que revelaría el escaso conocimiento que la Europa cristiana tenía de las tierras al este del Óder.
Otto I (ya como emperador). Así es como la leyenda de las Amazonas pomeranas llegó a nuestra historia.
El biógrafo de Mieszko I, el historiador poznanés Jerzy Strzelczyk, apoya la segunda hipótesis. Primero subraya que:
La historia de Ibrahim es, sin duda, una reminiscencia del mito de las Amazonas, extendido en el mundo antiguo y entre los musulmanes, cuya ubicación exacta era desconocida.
En segundo lugar, recuerda que tanto en Alemania como en otros lugares se creía que la ciudad de las Amazonas estaba situada en alguna parte del mar Báltico, a menudo en una isla. Incluso historiadores polacos serios han abordado el tema, pero en lugar de Pomerania sus ojos se posaron en Mazovia. Basta añadir una letra a “Mazovia” y se convierte en “Amazonia”.
Fuentes
- Jerzy Strzelczyk, Mieszko I, Poznań 1992, pp. 40‑43.
- Ibrahim ibn Jakub, testimonio de sus viajes por tierras eslavas, editado y traducido por T. Kowalski, en Monumenta Poloniae Historica, nova series, vol. I, Cracovia 1946, pp. 48‑54.