Historia de Europa

La mafia de los porteros en la Varsovia de entreguerras

Una mafia inesperada en el norte de Varsovia

En enero de 1932 el periódico Detective Secreto alertó sobre la aparición de una organización criminal que no tenía nada que ver con los típicos mafiosos de Nueva York o Chicago. Su "imperio" estaba formado por porteros que controlaban el reparto de mercancías en el centro norte de la capital polaca.

¿Cómo funcionaba?

Los porteros, reclutados entre los individuos más corpulentos y sin escrúpulos, se asignaban a una "estación" que abarcaba varias calles. Cada vez que un comerciante recibía una entrega, incluso el paquete más ligero, debía pagar una cuota al portero o a su asistente. El propio portero podía tocar el paquete con la mano para justificar el cobro, aunque el cliente no utilizara sus servicios.

En Polonia no necesitaban contrabando ni violencia extrema: bastaba con cobrar por "proteger" la entrega. Sin embargo, la extorsión podía tornarse violenta. Los comerciantes aseguraban que bajarían sus precios hasta un 30 % si lograban librarse del chantaje.

La mafia de los porteros en la Varsovia de entreguerras

En la ilustración del periódico aparecen, a la izquierda, Aron Halbzajd, a la derecha su sirvienta Menia, y en el centro una galería del mercado de Varsovia.

Los ingresos de los porteros

Según el mismo Detective Secreto, un portero bien situado podía llegar a cobrar hasta 3.000 PLN al mes, una cifra que, ajustada a la inflación, equivaldría a unos 30.000 zlotys actuales.

Resistencia y represión

El caso más sonado fue la violenta intimidación del propietario del almacén de pescado, Aron Halbzajd, en la calle Elektoralna 49. Los porteros planearon un asalto profesional, inspirándose en los métodos de las bandas extranjeras. A las 21 h, cuando solo quedaban dos sirvientes en el domicilio, cuatro asaltantes armados irrumpieron disfrazados con medias de seda multicolores que cubrían sus rostros.

"¡Manos arriba, silencio!", gritó el líder, cuya barba recortada asomaba entre la tela.

Los asaltantes ataron a la sirvienta y, tras interrogarla sin éxito, la amordazaron. En ese momento sonó el timbre: la hija de 17 años de Halbzajd, Pola, regresaba del peluquero. La puerta se cerró tras ella y le apuntaron con una pistola a la sien.

La mafia de los porteros en la Varsovia de entreguerras

El atraco fracasó. Al oír el segundo timbre, el prometido de la sirvienta salió al patio y gritó pidiendo ayuda, lo que obligó a los asaltantes a huir sin botín. La policía nunca identificó a los responsables, aunque quedó claro que eran porteros.

Otras organizaciones criminales

El Detective Secreto también describió otras mafias que operaban bajo la apariencia de sindicatos. Vigilaban a los compradores durante todo el día, registraban cada transacción y, al cierre, exigían un «dinero de protección» basado en el volumen de ventas. Las amenazas incluían desde el cierre del negocio hasta el uso de la violencia física.

La mafia de los porteros en la Varsovia de entreguerras

Uno de esos capos era Łukasz Siemiątkowski, apodado «Tasiemka». Exmilitante del Partido Socialista Polaco, después de 1918 dirigió una banda que extorsionaba a los comerciantes del mercado de Kercelak. Incluso el ministro del Interior, Felicjan Sławoj‑Składkowski, reconoció en sus memorias que el orden del mercado dependía de los «chicos discretos de Tasiemka».

Tras un largo proceso judicial plagado de testimonios cambiados y víctimas de golpes, Siemiątkowski fue condenado a dos años de prisión, pero el presidente Ignacy Mościcki le concedió un indulto inmediato.

Conclusión

La mafia de los porteros demostró que, en la Varsovia de entreguerras, la extorsión podía tomar formas insólitas y que incluso los criminales más extraños ejercían una presión considerable sobre la vida económica de la ciudad.