El secuestro
El 15 de mayo de 1970 el calendario marcaba ese día. Giorgos Bakalios, trabajador social de la comunidad griega en Berlín Occidental, caminaba despreocupado junto a su padre anciano por las calles de Berlín Oriental cuando dos automóviles con matrícula convencional se detuvieron frente a ellos. De los vehículos descendieron dos hombres corpulentos que, tras echar un vistazo a sus pasaportes, los obligaron a subir al coche y los llevaron a un destino desconocido.
En las garras de la Stasi
Ese secuestro marcó el inicio de una odisea inimaginable. Los agresores resultaron ser oficiales de la Stasi, la temida policía secreta del régimen de Honecker. Bakalios fue trasladado a los centros de detención del aparato de seguridad del Estado y permaneció allí durante seis años y once días, sufriendo torturas físicas y, sobre todo, psicológicas.
Una venganza simbólica
Cuando, años después, cayó el Muro de Berlín, el ex‑prisionero tomó una maza y empezó a derribar los restos del muro. «Empecé a destrozar el concreto con furia. La satisfacción no tiene nombre… Sentía que cada golpe clavaba un clavo en el ataúd de un sistema bárbaro que había destrozado mi vida», recuerda Bakalios, citando su libro Seis años en las prisiones de la Stasi (Epikentro), presentado recientemente en un café‑bistró del centro de Tesalónica.
La presentación del libro
En el evento participaron el periodista Stavros Tzimas, el teólogo, filólogo y escritor Dimitris Demirtzis, y el editor Petros Papasarantopoulos. Todos relataron cómo Bakalios cayó en las garras de la Stasi en mayo de 1970 y soportó 27 meses y 11 días de tortura en la infame prisión de Hohenshausen.
Acusaciones infundadas
Baklialios insistía: «No soy ni he sido espía. Soy empleado del Ministerio del Proyecto de la Iglesia Evangélica, y desde julio de 1966 ayudo a mis compatriotas con sus problemas cotidianos, no sirvo a ninguna agencia de inteligencia». La respuesta de sus captores fue la misma: «Sabemos que vienes a nuestra capital en nombre de los servicios de inteligencia occidentales».
El archivo de la Stasi
Tras el colapso del régimen comunista, Bakalios investigó los archivos de la Stasi y encontró su expediente, que contaba con 11 000 páginas. Lo que más le impactó fue descubrir que algunos inmigrantes griegos simpatizantes del régimen de Alemania Oriental lo habían difamado como agente del KYP, acusándolo de intentar socavar el «socialismo».
El papel de la Iglesia Evangélica y la diplomacia griega
Su liberación se debió al incansable trabajo de la Iglesia Evangélica, al apoyo incondicional de su esposa Ángela y, al final, a la intervención de la misión diplomática griega en Berlín Oriental.
Regreso al infierno
En 1993, Bakalios volvió al sitio donde sufrió mayormente: la prisión de Hohenshausen. Allí describió una experiencia casi sobrenatural: «En ese momento el infierno se despertó dentro de mí, los volcanes internos erupcionaron y me invadió una ola de llanto incontenible».
Valoración del libro
El periodista Stavros Tzimas lo definió como «un puñetazo al estómago», señalando que el libro muestra con crudeza la tortura psicológica que la Stasi infligía a sus víctimas. Según él, es el relato más potente que ha leído sobre la Stasi.
El teólogo y escritor Dimitris Demirtzis, autor del prólogo, describió la obra como escrita «con lágrimas y sangre». Por su parte, el editor Petros Papasarantopoulos la llamó «un libro impactante», subrayando que el régimen de Alemania Oriental intentó fabricar un enemigo sin pruebas.
De Sofía a la Alemania Occidental
Giorgos Bakalios nació en el barrio de Sofía, en Tesalónica, y emigró a Alemania Occidental en 1964. Tras formarse en la Escuela de Trabajadores Sociales de Colonia, en 1966 ingresó al proyecto del Ministerio de la Iglesia Evangélica en Berlín Occidental, ayudando a los inmigrantes griegos. Tras su liberación retomó su labor hasta su jubilación. Es licenciado por la Universidad Libre de Berlín y, junto a su esposa Ángela, recibió la Cruz Federal al Mérito de la República Federal de Alemania, otorgada por el presidente Richard von Weizsäcker. Actualmente vive en Berlín con su familia.
Fuente: APE‑ME