Historia de Europa

La espada bizantina aniquila a las hordas en las estepas: pocos supervivientes y todos capturados

La espada bizantina aniquila a las hordas en las estepas: pocos supervivientes y todos capturados

Contexto histórico

Veroia, también conocida como Veroi, fue una ciudad griega fundada por el rey Filipo II, padre de Alejandro Magno. Hoy la ciudad lleva el nombre de Stara Zagora y forma parte de Bulgaria. En sus cercanías, en 1122, se libró una batalla decisiva que acabó con la presencia de los pecheneg en la región.

Los pecheneg y sus incursiones

Los pecheneg, a quienes los bizantinos llamaban Patsinakes, eran famosos por sus frecuentes incursiones sobre territorio imperial. En 1118, el emperador Alejo I Komneno los derrotó en la batalla de Levouni, situada en la desembocadura del río Evros.

Sin embargo, no todos los clanes pecheneg habían participado en esa campaña. Provenientes de las estepas rusas, cruzaron el Danubio e invadieron las tierras imperiales con el permiso del zar de Kiev, Vladímir Monomaco, ya que muchos de sus guerreros estaban al servicio de este último.

La nueva invasión (1121‑1122)

En 1121, los pecheneg se aliaron con los turcos Ughuz y, desde Rusia, marcharon hacia el Imperio bizantino. La amenaza alarmó a Constantinopla y el nuevo emperador, Juan II Komneno, hijo de Alejo I, decidió enfrentarla a pesar de sus exitosas campañas contra los selyúcidas en Asia Menor.

Juan cruzó el Helesponto con su ejército. Mientras tanto, los pecheneg cruzaron el río Aimos y se dirigieron al sur, estableciéndose en campamentos fortificados cerca de Veroia.

El enfrentamiento

El emperador intentó una solución diplomática, pero simultáneamente movilizó sus tropas para atacar. La mañana siguiente, el ejército bizantino apareció frente al campamento fortificado de los pecheneg, sorprendiéndolos.

Los pecheneg, como la mayoría de los pueblos nómadas de la época, luchaban como arqueros a caballo: avanzaban, disparaban y retrocedían, agotando al adversario antes de lanzar una carga final. Contaban también con una pequeña élite de caballería pesada, compuesta por nobles y guardias de sus jefes, mientras su infantería estaba formada por cualquier hombre disponible que no supiera montar.

No se conservan cifras exactas sobre el número de combatientes de ninguno de los bandos. Los bizantinos, liderados por el propio emperador, atacaron con ímpetu, pero los pecheneg y los Ughuz emplearon sus tácticas habituales, rodeando y hostigando al enemigo. Cuando la presión bizantina se intensificó, los nómadas se retiraron a su campamento fortificado.

Juan II, sin amilanarse, ordenó a la guardia de élite, los Varang, que asaltara los carros de guerra enemigos. A pesar de la lluvia de proyectiles, los varang avanzaron con sus lanzas, derribando las unidades de caballería rival y desatando el caos.

Con el apoyo de otras unidades bizantinas, se abrió un paso que permitió a las tropas del emperador cargar contra el interior del campamento. Los arqueros a caballo, incapaces de enfrentar a la infantería pesada, fueron aniquilados a sangre fría. Los supervivientes fueron capturados; algunos fueron reclutados para servir en el ejército bizantino.

Consecuencias

Tras la batalla de Veroia, los pecheneg desaparecieron de los registros históricos como entidad independiente. La victoria de Juan II marcó el fin de una amenaza que había asolado las fronteras del Imperio durante décadas.