Contexto y avance persa
Xerxes, tras su "magnífica" victoria en las Termópilas, dirigió su enorme ejército hacia el sur con la intención de conquistar Atenas y, después, la península del Peloponeso. Atenas, la segunda ciudad‑estado más poderosa de Grecia, era vista como la clave para debilitar la resistencia helénica. A instancias de Temístocles, la población civil fue evacuada a Troizena, Egina y Salamina, mientras que soldados y barcos se concentraron en el istmo.
La caída de Atenas
\nLos persas saquearon Attica y tomaron la ciudad de Atenas sin oposición significativa, destruyéndola y enviando un mensajero a Susa para anunciar la "gloriosa" hazaña. La pérdida de Atenas provocó una crisis en el campamento griego: los peloponesios comenzaron a fortificar el istmo y la flota griega, compuesta por 378 trirremes (180 atenienses), se reunió en Salamina. La armada persa se situó en la costa este de Attica, y ambas fuerzas permanecieron en sus posiciones durante tres semanas.
El plan de Temístocles
Temístocles insistió en que la batalla naval se librara en el estrecho de Salamina, donde la superioridad numérica persa quedaría neutralizada. Los espartanos y corintios lo acusaron de favorecer a Atenas. En medio del conflicto, el espartano Eurybías, comandante de la flota aliada, amenazó a Temístocles con un golpe, pero el ateniense persistió. Finalmente, envió secretamente a su servidor Sicinnus a Xerxes, haciéndole creer que los griegos planeaban retirarse, incitándolo a atacar.
Desarrollo de la batalla
El 27‑28 de septiembre de 480 a.C., la armada persa se deslizó lentamente por el mar sarónico y se desplegó frente a Salamina. Los persas ocuparon la zona de Psítallia, con su retaguardia apoyada en la costa ática, mientras que la flota griega se alineó de Palukia a Cabo Ampelakia, con la espalda contra la costa de Salamina. Un escuadrón corintio se encargó de vigilar a los 200 barcos persas enviados al estrecho de Fanerómenos.
Los persas, según el testimonio de Esquilo, contaban con 1 207 barcos, organizados en tres o cuatro filas. A la derecha estaban los fenicios, los mejores navegantes persas; a la izquierda, los jonios; y en el centro, el resto, incluidos los 200 barcos egipcios. Xerxes observaba la batalla desde un trono dorado en la ladera del monte Aigaleo.
La flota griega, liderada por el espartano Eurybías y con Temístocles al mando de los atenienses, se organizó en dos columnas: la izquierda bajo Temístocles (principalmente atenienses) y la derecha bajo Eurybías (peloponesios y eginos). Los jonios, que habían mantenido contacto con los persas, informaron a los griegos sobre los planes enemigos, lo que permitió una coordinación eficaz.
El enfrentamiento
Los dos flancos se miraron, y los griegos, tras cantar el famoso paeán «¡Adelante, hijos de Grecia! Defended vuestra patria…», lanzaron sus remos en una maniobra coordinada. Los persas, al intentar avanzar en el estrecho, se vieron desordenados por el viento de levante, chocando sus propias filas. Aprovechando el caos, los experimentados trirremes griegos asestaron golpes con sus bueyes, hundiendo decenas de navíos persas.
La lucha se tornó encarnizada: arcos incendiarios, jabalinas, piedras y proyectiles de honda surcaban el aire; los marineros combatían cuerpo a cuerpo en cubierta. Los atenienses superaron a los fenicios, rompiendo su línea y enviando varios barcos contra las rocas. El capitán ateniense Amenías persiguió a la reina de Halicarnaso, Artemisia, quien logró hundir un trirreme persa para escapar. Xerxes, al ver la escena, comentó: «Mis mujeres luchan como hombres y mis hombres como mujeres».
En el estrecho de Fanerómenos, la escuadra egipcia fue aniquilada por los corintios, aunque su almirante Adeimanto cayó en combate tras enfrentar 200 barcos persas con solo 30.
Consecuencias
Los persas perdieron alrededor de 400 barcos y al menos 60 000 hombres; los griegos apenas 40 trirremes. La victoria de Salamina marcó el primer triunfo aliado contra la invasión persa y minó gravemente la autoridad de Xerxes entre sus vasallos. Héroes como el ateniense Amenías, el egino Polícritos, el naciano Demócrito y el corintio Adeimanto quedaron inmortalizados.
El plan de Temístocles había superado todas las expectativas, asegurando la libertad de Grecia y sentando las bases para la futura hegemonía ateniense.