Historia de Europa

Cuando Castilla reclamó Gascuña: Alfonso VIII y la campaña de 1205

Cuando Castilla reclamó Gascuña: Alfonso VIII y la campaña de 1205
Extracto tomado del libro *The Plantagenets*.

El Imperio Plantagenet y sus dominios

El llamado Imperio Angevino o Plantagenet llegó a extenderse desde Escocia hasta los Pirineos. A los territorios heredados por Enrique de Anjou (Enrique II de Inglaterra) de su madre, la emperatriz Matilde, y de su padre Godofredo de Anjou (Inglaterra, Normandía, Anjou, Maine y Touraine) se sumó el Ducado de Aquitania, que llegó a través de su esposa Leonor de Aquitania (incluyendo el Ducado de Gascuña y el Condado de Poitou). Más tarde, mediante el matrimonio de su hijo Guillermo, se incorporó el Ducado de Bretaña. Así, los Plantagenet llegaron a poseer en la península más territorio que el propio rey de Francia.

Alianzas matrimoniales: Castilla y Aquitania

En 1170 se celebró el matrimonio entre una de las hijas de Enrique II y Leonor —llamada también Leonor, al igual que su madre— y el rey de Castilla, Alfonso VIII. Como dote, el castellano entregó a su esposa numerosas villas, rentas, y las ciudades de Nájera, Burgos y Catrojeriz, con todos sus derechos, además de la mitad de las conquistas realizadas en tierras musulmanas.

Por su parte, la novia aportó el Ducado de Gascuña como dote, cedido por su madre, quien el año anterior había entregado el Ducado de Aquitania y el Condado de Poitou a su hijo favorito, Ricardo (el futuro Ricardo Corazón de León).

Problemas sucesorios y la posición de Gascuña

Las disputas sucesorias entre la numerosa prole de Enrique II y Leonor, y la opinión del rey de Francia —debido al feudalismo al que estaban sujetos los territorios continentales de los Plantagenet— parecían resolverse en la conferencia de Montmirail. Los planes de Enrique eran: que su hijo mayor heredara Inglaterra, Normandía, Touraine y Anjou; que Bretaña pasara a Godofredo (casado con la hija del anterior duque de Bretaña); y que Aquitania, Poitou y Gascuña quedaran reservados para Ricardo, aunque este último ya estaba comprometido como dote de su hermana Leonor, futura reina de Castilla. Juan, de apenas tres años, quedó sin tierras (de ahí su apodo «Sin Tierra»).

Durante el reinado de Enrique II, Aquitania, Poitou y Gascuña fueron gobernados por Ricardo, quien tomó el control de los demás dominios paternos tras la muerte de Enrique en 1189. El nuevo monarca pasó gran parte de sus diez años de reinado fuera de Inglaterra —en las Cruzadas, como prisionero en Alemania o en guerras contra Felipe II de Francia—, lo que reforzó la autonomía de la nobleza gascona, ya reacia a someterse a sus señores angevinos.

Alfonso VIII y sus prioridades militares

Alfonso VIII, rey de Castilla, no podía prestar mucha atención a los dominios ultrapuertenarios de su esposa. La invasión almohade le obligó a sufrir la derrota de Alarcos (1195) y a centrarse en la defensa contra la amenaza musulmana, mientras sus primos de Aragón, Navarra y León buscaban aprovechar sus debilidades. Además, el acceso a Gascuña estaba bloqueado por el Reino de Navarra, cuyo monarca, Sancho VII el Fuerte, no mantenía buenas relaciones con Castilla.

Recuperación de fronteras contra Navarra (1199‑1200)

En 1199‑1200 Alfonso VIII lanzó una campaña para recuperar, a expensas de Navarra, los antiguos límites castellanos alcanzados en 1076 por Alfonso VI, en Álava y Guipúzcoa. Superó la frontera natural del río Urumea y la extendió hasta la ribera del Bidasoa, creando un corredor fronterizo que unía Castilla con Gascuña.

La campaña de 1205 para reclamar Gascuña

En 1205, tras la muerte de Ricardo Corazón de León (1199) y la sucesión de Juan «Sin Tierra», y con la muerte de la madre de Leonor, la emperatriz Matilde, en 1204, Alfonso VIII decidió reclamar los derechos de su esposa sobre Gascuña. Ese mismo año Felipe II de Francia atacó los territorios continentales del rey de Inglaterra y tomó Poitou, lo que pudo haber motivado la acción castellana.

Los nobles gascones, indecisos, entregaron su lealtad a Alfonso. En octubre de 1204, sin necesidad de movilizar ejércitos, recibió en San Sebastián el homenaje como Señor de Gascuña del obispo de Dax, del conde de Armagnac y de los vizcondes de Béarn, Orhez y Tarras.

Posteriormente, a petición del Papa Inocencio III, Alfonso firmó una tregua con los demás reinos cristianos de la península y, a finales del verano de 1205, inició una expedición a Gascuña. La campaña fue más una toma de posesión que una conquista militar: en ciudades como Bayona, La Réole y Burdeos sólo se produjeron asedios simbólicos, sin que fueran capturadas.

Alfonso regresó a Burgos a principios de 1206 y obtuvo un documento en el que varios nobles y prelados gascones lo reconocían como Señor de Gascuña, aunque no se tradujo en un dominio efectivo.

Tratados posteriores y el fin de la pretensión castellana

En octubre de 1207, Castilla y Navarra firmaron una paz que garantizaba el paso libre de tropas entre ambos reinos. No está claro si este acuerdo anticipaba una nueva campaña castellana en Gascuña, pero coincidió con el inicio de tensiones en la frontera sur de Castilla contra los almohades, culminando en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212).

Más tarde, en 1253, el bisnieto de Alfonso VIII, Alfonso X, atendió a nobles gascones descontentos con el dominio inglés. Sin embargo, el conflicto se resolvió mediante el matrimonio del heredero inglés (el futuro Eduardo I) con Leonor, hermana del rey castellano, y Castilla renunció definitivamente a sus derechos sobre Gascuña.