Antecedentes
El 23 de agosto de 1939 se firmó el polémico Pacto Ribbentrop‑Molotov entre la Alemania nazi y la Unión Soviética. Los historiadores debaten si la intención soviética era ganar tiempo para prepararse frente al expansionismo nazi, pero lo cierto es que la URSS suministró a Alemania recursos estratégicos como petróleo y cereales que reforzaron su maquinaria bélica.
La invasión italiana a Grecia
El 28 de octubre de 1940 la Italia fascista, bajo el mando de Benito Mussolini, lanzó una invasión contra Grecia. El país, bajo el gobierno de Ioannis Metaxas, resistió valientemente pese a la superioridad militar italiana.
Solicitud de ayuda a la Unión Soviética
Ante la urgencia de armamento y municiones, el ministro de Defensa griego, Nikolaos Papadimas, se reunió a finales de diciembre de 1940 con el embajador soviético en Atenas. Presentó una solicitud oficial para recibir armas y municiones. Según los archivos, el embajador prometió consultar a su gobierno y dar una respuesta.
Sin embargo, la URSS nunca envió una respuesta concreta ni material de apoyo a Grecia. La falta de asistencia se explica en parte por la compleja política exterior soviética y sus prioridades estratégicas en ese momento.
Consecuencias
La ausencia de ayuda soviética no impidió que Grecia lograra importantes victorias contra Italia, lo que obligó a los alemanes a intervenir en la primavera de 1941. El conflicto en los Balcanes retrasó la ofensiva alemana contra la Unión Soviética, aunque este efecto fue marginal en el gran esquema de la guerra.
El episodio muestra cómo la política internacional de la época estaba guiada por cálculos estratégicos más que por solidaridades ideológicas.