Introducción
En plena ocupación alemana, italiana y búlgara, los niños griegos no se unieron a los asesinos ni quemaron la bandera nacional. Esta es la historia de esos niños valientes de Florina, cuya resistencia se manifestó con la propia enseña de Grecia.
Contexto histórico
Florina cayó bajo el control alemán en abril de 1941. Poco después, los búlgaros, que colaboraban con los separatistas macedonios, intentaron imponer su dominio. En agosto de 1941 llegó a la ciudad el oficial búlgaro Anton Kalchev, cuyo accionar sembró terror. Los separatistas alzaron banderas búlgaras para convencer a los alemanes de que la ciudad era “búlgara”.
La respuesta de los niños
Los niños griegos, liderados por Avraham Sakalis, organizaron una pequeña unidad militar. Un día solicitaron permiso al guardia del jardín de infancia para talar un joven álamo. Tras explicar sus intenciones, el guardia les autorizó.
Al día siguiente, el tronco del álamo había sido convertido en un mástil improvisado y la bandera griega ondeaba orgullosamente. Los niños realizaron una ceremonia militar con una trompeta y “rifles” de madera, dejando una huella profunda en la población y enfureciendo a los búlgaros y macedonios.
Encuentro con un oficial alemán
Una tarde, un vehículo alemán se detuvo en la plaza. “Mostremos a los alemanes que somos griegos y que Florina es griega”, dijeron los niños. Mientras el pequeño trompetista interpretaba el toque de bajada de bandera, los demás se pusieron en posición de firme. El oficial salió del coche, les rindió saludo militar como si inspeccionara una unidad y, con una sonrisa, acarició la cabeza del niño que sostenía la bandera doblada antes de marcharse.
Consecuencias
Algunos testimonios indican que el oficial era el guardia de la ciudad. Los alemanes usaron el episodio como pretexto para rechazar la solicitud búlgara de entregar Florina. Incluso los italianos intentaron intervenir, pero los niños, armados con un “yate” de aire y piedras, los ahuyentaron.