Indignación por la crisis financiera
La Revolución Francesa estalló a raíz de una grave crisis financiera que llevó al Estado al borde de la bancarrota. La situación se debió a varios factores: el elevado coste de la guerra de independencia de EE. UU., el derroche de la corte real y la ineficaz recaudación de impuestos. La población, ya agobiada por gravámenes excesivos, se sintió abandonada y furiosa.
Indignación por la desigualdad social
El Antiguo Régimen dividía a la sociedad en tres estados: el clero, la nobleza y el pueblo llano. Clero y nobles gozaban de privilegios como la exención de impuestos y la propiedad de tierras, mientras que el Tercer Estado soportaba la mayor carga tributaria y escasos derechos. Esta disparidad alimentó un profundo resentimiento entre la mayoría.
Indignación por la opresión política
La monarquía absoluta concentraba todo el poder en el rey, sin representación ni libertad de expresión para los ciudadanos. La falta de participación y la censura provocaron un descontento generalizado, impulsando la demanda de cambios estructurales.
Desarrollo de la Revolución
En 1789, la toma de la Bastilla marcó el inicio del conflicto. La revolución derribó la monarquía, instauró la República y, a pesar de su violencia, sentó bases fundamentales: la abolición del feudalismo, la Constitución de 1791 y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.