Impacto político
La Guerra Civil Inglesa provocó la caída de la monarquía y, en 1649, el establecimiento de la República conocida como Commonwealth de Inglaterra.
Tras la muerte de Oliver Cromwell, la república colapsó y en 1660 se restauró la monarquía, aunque bajo límites impuestos por el Parlamento, que había ganado poder durante el conflicto. Este acuerdo marcó el inicio de una nueva era de democracia parlamentaria en Gran Bretaña.
El enfrentamiento también dio origen a los primeros partidos políticos: los realistas apoyaban al rey y los parlamentarios defendían al Parlamento. Con el tiempo, esas facciones evolucionaron en los actuales partidos conservador y laborista.
Impacto religioso
El conflicto fue también una lucha religiosa. Los puritanos demandaban mayor libertad y tolerancia religiosa, mientras que los caballeros (cavaliers) defendían la Iglesia Anglicana establecida.
La victoria parlamentaria introdujo un breve periodo de tolerancia, que se revirtió con la Restauración monárquica. Las divisiones religiosas surgidas durante la guerra continuaron influyendo en la sociedad británica durante siglos.
Impacto social
Se estima que más de 100.000 personas perdieron la vida y gran parte del territorio quedó devastado.
La economía se vio gravemente interrumpida, generando pobreza generalizada y brotes de enfermedad.
El caos social erosionó las estructuras y valores tradicionales, sentando las bases para las transformaciones sociales y económicas que acompañarían a la Revolución Industrial.
Impacto colonial
Aunque la guerra no afectó directamente a las colonias, despertó un mayor interés en la expansión colonial tanto entre realistas como entre parlamentarios.
Tras el conflicto, ambas facciones impulsaron la ampliación del imperio británico, que con el tiempo se convertiría en uno de los más extensos del planeta.