Tras el fallecimiento de Justiniano en 565 d.C., el Imperio Bizantino se vio acosado por varias potencias que aprovecharon su debilitamiento interno.
Lombardos
Los lombardos, una tribu germánica que migró desde Europa del Este hacia la península itálica, fundaron su reino en el norte de Italia a finales del siglo VI. Su expansión provocó constantes enfrentamientos y pérdidas territoriales para Bizancio en la región.
Ávaros
Procedentes de Asia Central, los ávaros establecieron un poderoso imperio al norte del Danubio. Expertos jinetes, lanzaron incursiones devastadoras contra las provincias bizantinas, generando gran destrucción.
Persas sasánidas
El Imperio sasánida, principal rival oriental, aprovechó la fragilidad interna del imperio para iniciar una serie de guerras. El conflicto prolongado agotó los recursos bizantinos y provocó importantes pérdidas militares y territoriales.
Eslavos
Durante los siglos VI y VII, los pueblos eslavos comenzaron a colonizar los Balcanes, áreas bajo dominio bizantino. Su asentamiento masivo desafió la autoridad imperial y alteró la administración de la región.
Árabes musulmanes
El surgimiento del Islam en la Península Arábiga y las conquistas del califato Rashidun expandieron rápidamente el dominio árabe sobre territorios bizantinos en Oriente Próximo, África del Norte y la península ibérica, ocasionando severas derrotas militares y pérdidas de territorio.
Estos grupos, sumados a la inestabilidad política interna, los problemas económicos y los conflictos religiosos, representaron graves amenazas que el Imperio Bizantino luchó por contener durante los siglos posteriores a la muerte de Justiniano.