Prohibición del gas venenoso
Durante la Primera Guerra Mundial (1914‑1918) se emplearon armas químicas, como el gas mostaza y el cloro, sin que existiera una prohibición internacional que lo impidiera.
Tras el conflicto, la comunidad internacional buscó regular este tipo de armamento. En 1925 se firmó el Protocolo de Ginebra, que prohibió el uso de armas químicas y biológicas en la guerra. Sin embargo, varios países importantes no ratificaron el tratado, lo que limitó su alcance.