Contexto histórico
En el momento de la Confederación canadiense (1867), la legislación británica –la Ley de la América del Norte Británica (BNA Act)– definía quién era “sujeto británico” y quién podía ser considerado “ciudadano”. Estas definiciones excluían a la gran mayoría de los pueblos originarios.
1. No eran considerados súbditos británicos
Según la BNA Act, solo eran súbditos británicos las personas nacidas en el Reino Unido o sus colonias, o quienes se habían naturalizado. Los pueblos originarios estaban clasificados como “indios” y, por tanto, no entraban en esa categoría.
2. No eran reconocidos como ciudadanos
La ciudadanía requería ser sujeto británico nacido en Canadá o haber sido naturalizado como ciudadano canadiense. De nuevo, la mayoría de los pueblos originarios quedaban fuera de esta definición.
3. No formaban parte de la comunidad política
La comunidad política de la época estaba dominada por hombres blancos, protestantes y de origen británico. La raza, el género y la religión de los pueblos originarios los mantenían al margen de la esfera política.
4. Los consideraban una amenaza
Muchos de los fundadores percibían a los pueblos originarios como “incivilizados” y temían que resistieran la autoridad del nuevo gobierno, lo que, según ellos, podría desencadenar conflictos.
Como consecuencia, los pueblos originarios no participaron en las negociaciones que dieron forma a la Confederación y, por tanto, no tuvieron voz en la construcción del nuevo Estado. Esta exclusión marcó una relación desigual que sigue generando tensiones entre los pueblos originarios y el gobierno canadiense.