La Gran Depresión
La Gran Depresión fue la recesión más profunda y extendida del siglo XX. Inició en Estados Unidos a finales de 1929, tras el colapso bursátil del 29 de octubre, y se propagó rápidamente a la mayor parte del mundo, provocando una caída del producto interno bruto (PIB) mundial de aproximadamente el 15 % entre 1929 y 1932.
Causas principales
Caída de la bolsa: El desplome del mercado de valores eliminó millones de dólares en riqueza y erosionó la confianza de inversores y consumidores.
Quiebras bancarias: Miles de bancos cerraron sus puertas, lo que restringió el crédito y paralizó la actividad empresarial.
Altas tasas de interés: Las políticas monetarias restrictivas encarecieron los préstamos, limitando la inversión y el consumo.
Restricciones comerciales: Las barreras arancelarias y cuotas redujeron el intercambio internacional, agravando la contracción económica.
Sequías y fallas agrícolas: En EE. UU. una sequía prolongada destruyó cosechas, disminuyendo los ingresos rurales y empeorando la crisis.
Consecuencias sociales y económicas
Desempleo masivo: En su punto álgido, la tasa de desempleo en EE. UU. alcanzó casi el 25 %, dejando a millones sin trabajo.
Sin techo: La pérdida de ingresos obligó a muchas familias a vivir en la calle o en asentamientos precarios conocidos como “shantytowns”.
Hambre y escasez: La falta de recursos llevó a la proliferación de comedores populares y filas para obtener pan.
Problemas de salud: La pobreza impidió el acceso a servicios médicos, aumentando la incidencia de enfermedades.
Inestabilidad social: El descontento generó protestas, huelgas y, en algunos casos, disturbios violentos contra autoridades y estructuras económicas.
La Gran Depresión empezó a ceder a finales de la década de 1930, impulsada por políticas de estímulo y la movilización industrial vinculada a la Segunda Guerra Mundial, pero sus secuelas perduraron durante años, remodelando la arquitectura económica y social del mundo.