Los visigodos, bajo el mando de Alarico I, fueron instalados en los Balcanes como aliados de Roma, encargados de defender la frontera contra otras tribus. Sin embargo, pronto surgieron varias causas que los llevaron a rebelarse.
Problemas económicos y fiscales
Los visigodos reclamaban que las cargas impositivas eran excesivas y que no recibían tierras ni suministros suficientes para sostener a su pueblo.
Tensiones políticas
La inestabilidad interna del Imperio romano y los conflictos internos generaron frustración. Los visigodos sentían que los romanos no los trataban como iguales y que sus demandas eran ignoradas.
Conflictos militares
Los enfrentamientos entre tropas romanas y visigodas se sucedieron en varias ocasiones, agravando la desconfianza mutua.
Ambición de Alarico
Alarico, líder carismático y ambicioso, vio en la rebelión una oportunidad para obtener poder y riquezas, buscando tierras más fértiles y la fundación de un reino independiente para su gente.
En conjunto, la combinación de agravios económicos, tensiones políticas, choques militares y la ambición personal de Alarico motivó la rebelión visigoda contra Roma.