La Guerra Hispanoamericana (1898) fue impulsada por una combinación de intereses estratégicos, económicos y culturales de los Estados Unidos, que en ese momento se posicionaban como potencia imperial emergente.
Intereses económicos
El conflicto ofreció a EE. UU. la oportunidad de ampliar su influencia comercial en el Caribe y América Latina. Se buscaba asegurar el acceso a recursos como azúcar, café y plátanos, así como abrir nuevos mercados para productos estadounidenses. Tras la victoria, Estados Unidos obtuvo el control de Puerto Rico, Guam y Filipinas, garantizando rutas y recursos estratégicos.
Poder político y prestigio
Derrotar a una potencia europea como España permitió a EE. UU. demostrar su fuerza militar y su disposición a usarla para proteger sus intereses. Este triunfo consolidó su posición como potencia mundial emergente y elevó su prestigio internacional.
Difusión de la democracia y la libertad
Algunos sectores estadounidenses presentaron la guerra como una cruzada moral para llevar la democracia y la libertad a Cuba y otras colonias españolas, liberando a los pueblos oprimidos del yugo colonial.
Preocupaciones humanitarias
Los informes sobre la brutal represión española contra los rebeldes cubanos generaron preocupación en la opinión pública norteamericana, que consideró que EE. UU. tenía una responsabilidad moral para intervenir y frenar la masacre.
Defensa de ciudadanos e intereses estadounidenses en Cuba
Muchos estadounidenses temían por la seguridad de sus compatriotas y sus inversiones en la isla. Ante la falta de protección por parte del gobierno español y varios incidentes violentos contra estadounidenses, EE. UU. se sintió obligada a intervenir para salvaguardar a sus ciudadanos y sus intereses económicos.