La política de apaciguamiento adoptada por las democracias occidentales a finales de los años 30 tuvo profundas repercusiones tanto a nivel europeo como mundial.
Fomento de la agresión alemana
Los éxitos de Hitler en Renania, Austria y Checoslovaquia, obtenidos sin resistencia significativa, le demostraron que las potencias occidentales eran débiles y poco dispuestas a detener sus ambiciones expansionistas.
Acuerdo de Múnich
El tratado permitió a Hitler anexionar los Sudetes sin que se disparara una sola bala, violando los principios de seguridad colectiva establecidos por la Sociedad de Naciones.
Pérdida de confianza en los acuerdos internacionales
La credibilidad y efectividad de los tratados internacionales se vieron seriamente mermadas, reduciendo las esperanzas de mantener la paz mediante la diplomacia.
Fracaso de la Sociedad de Naciones
La incapacidad de la organización para reaccionar ante la agresión alemana reveló su falta de poder de imposición y su inadecuación para preservar la paz.
Isolacionismo en Estados Unidos
El episodio reforzó el sentimiento aislacionista en EE. UU., disminuyendo la probabilidad de una intervención estadounidense en los asuntos europeos y facilitando la continuación de las políticas expansionistas de Hitler.
Contribución al estallido de la II Guerra Mundial
En última instancia, el apaciguamiento no logró evitar la guerra; al contrario, concedió a Hitler tiempo, recursos y concesiones diplomáticas para preparar y ejecutar sus planes agresivos.
Costes humanos y territoriales
El conflicto resultante provocó la muerte de millones de personas, la destrucción de ciudades y la redefinición de fronteras en Europa y el mundo.
Reconfiguración del equilibrio de poder global
Marcó el fin del predominio de las potencias coloniales europeas y el ascenso de Estados Unidos y la Unión Soviética como superpotencias mundiales.