Caos económico
Gran Depresión: Tras el colapso de la bolsa en 1929, la economía mundial se desplomó, provocando una recesión que duró una década. Europa sufrió un fuerte aumento del desempleo, cierres masivos de fábricas y quiebras bancarias.
Proteccionismo comercial: Los gobiernos alzaron aranceles y barreras al comercio para proteger sus industrias en crisis, lo que redujo el intercambio internacional y frenó la recuperación.
Políticas deflacionarias: Para combatir la inflación, muchos estados aplicaron medidas de austeridad que profundizaron la contracción económica y agravaron la miseria social.
Caos político
Ascenso de dictadores: La crisis económica generó inestabilidad política, facilitando la llegada al poder de líderes autoritarios. En 1933 Adolf Hitler y el Partido Nazi tomaron el control de Alemania; Benito Mussolini gobernaba Italia desde 1922; y José Stalin consolidó su dominio en la Unión Soviética.
Debilitamiento de la democracia: La incapacidad de los gobiernos democráticos para afrontar la crisis erosionó la confianza popular, alimentando movimientos autoritarios.
Tensiones internacionales: La combinación de problemas económicos y políticos incrementó las fricciones entre naciones, sentando las bases para el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939.