Otto von Bismarck, el artífice de la unificación alemana, utilizó la diplomacia y la fuerza militar para consolidar los diversos estados bajo un solo imperio. Para lograrlo, fomentó conflictos con tres naciones clave:
- Austria: La Guerra Austro‑prusiana (1866) debilitó la influencia austriaca en los territorios alemanes.
- Dinamarca: La Guerra de los Ducados (1864) permitió la anexión de Schleswig y Holstein.
- Francia: La Guerra Franco‑prusiana (1870‑1871) culminó con la proclamación del Segundo Imperio Alemán.