Control territorial
En su máximo esplendor (1812), el Imperio napoleónico abarcaba unos 2,5 millones de km² (965.000 millas cuadradas) de territorio europeo.
Incluía a Francia (con Córcega), Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Suiza, gran parte de Italia, zonas de Alemania (incluyendo partes de Prusia y Austria), Polonia, la mayor parte de la península ibérica (España), Portugal (de forma temporal) y las Provincias Ilirias en el este de Europa.
Población
Se estima que el imperio reunía alrededor de 170 millones de habitantes, convirtiéndose en uno de los imperios más poblados de Europa en la época.
Territorios conquistados y estados aliados
Territorios conquistados: numerosas áreas fueron ocupadas por fuerzas francesas y sus administraciones locales fueron sustituidas por autoridades napoleónicas.
Estados aliados y satélites: Napoleón creó una red de reinos y ducados dependientes, como el Reino de Italia, el Reino de Nápoles, el Gran Ducado de Varsovia y la Confederación del Rin, todos alineados políticamente con Francia.
Colonias ultramarinas
El imperio también poseía posesiones en el extranjero: las Antillas francesas en el Caribe, la Guayana Francesa en Sudamérica, Senegal y otras zonas de África Occidental, así como las islas de Mauricio y Reunión en el Océano Índico.
Objetivos expansionistas
Napoleón buscaba una hegemonía europea dominada por Francia, remodelando el mapa político del continente mediante campañas militares y anexiones.
Caída y derrota
El colapso definitivo llegó en 1815, tras la derrota en la Batalla de Waterloo. El Congreso de Viena redibujó el mapa europeo, restaurando muchas de las fronteras anteriores a la era napoleónica.