En realidad, la Armada española nunca llegó a tocar suelo inglés. Tras zarpar en mayo de 1588 con la intención de invadir, la flota se encontró con la Marina real en el Canal de la Mancha.
Los barcos ingleses, apoyados por maniobras tácticas y la ventaja de la velocidad, derrotaron a la Armada antes de que pudiera desembarcar en Inglaterra. Tras la derrota, la mayor parte de la flota se vio obligada a retroceder y navegar de regreso a España, sufriendo además pérdidas por tormentas en la costa de Irlanda.