Trabajo infantil
En los inicios de la Revolución Industrial era habitual que niños de 5 o 6 años trabajaran en fábricas y minas bajo jornadas extensas y en condiciones peligrosas. La Ley de Fábricas de 1833 y posteriores normativas limitaron la edad mínima, establecieron horarios máximos y obligaron a que los menores recibieran educación básica.
Condiciones de trabajo inseguras
Fábricas y minas carecían de normas de seguridad; los obreros estaban expuestos a maquinaria sin protecciones, sustancias tóxicas y ventilación deficiente, lo que provocaba accidentes y enfermedades. Las leyes exigieron la instalación de guardas de seguridad, mejores sistemas de ventilación y otras medidas preventivas.
Industria contaminante
La rápida expansión industrial generó una gran contaminación del aire y del agua, especialmente por la quema de carbón y los desechos de las fábricas. La legislación introducida buscó limitar la emisión de humos y sustancias nocivas, protegiendo la salud pública y el medio ambiente.
Viviendas insalubres
Muchos obreros vivían en barrios superpoblados y sin saneamiento, lo que favorecía la propagación de epidemias. Las políticas urbanísticas regularon los estándares de habitabilidad, mejoraron la infraestructura sanitaria y promovieron la construcción de viviendas dignas.
Explotación laboral
Los propietarios industriales a menudo pagaban salarios bajos y negaban derechos sindicales. Las reformas introdujeron límites salariales, establecieron jornadas máximas y reconocieron el derecho de los trabajadores a organizarse y formar sindicatos.
Con estas medidas, el gobierno británico pretendía mitigar los efectos sociales y medioambientales de la industrialización acelerada y mejorar la calidad de vida de la población.