El tiempo que los judíos permanecieron en los vagones de tren rumbo a los campos de concentración variaba enormemente, según la distancia, el tipo de transporte y las condiciones del trayecto.
Duración típica del traslado
Los recorridos podían durar desde unas pocas horas hasta varios días. En los trayectos más cortos, el viaje duraba entre 4 y 12 horas; en los más largos, especialmente desde Europa del Este, el trayecto se extendía entre 2 y 7 días.
Condiciones dentro de los vagones
En la mayoría de los casos los judíos eran obligados a viajar en cattle cars sellados, sin ventilación, comida, agua ni instalaciones sanitarias. Estas condiciones provocaban muertes por agotamiento, inanición, deshidratación o enfermedades durante el trayecto.
En algunos transportes, especialmente en los últimos años de la guerra, se permitía el suministro limitado de alimentos y agua y se habilitaban pequeñas áreas para ir al baño, aunque el espacio seguía siendo extremadamente estrecho y la multitud generaba una atmósfera sofocante.
Impacto psicológico
Independientemente de la duración, la experiencia de estar confinado en un vagón sin salida era traumática. Para muchos judíos ese viaje marcó el inicio del final, pues la mayoría fueron asesinados al llegar a los campos.