Bélgica nunca estuvo bajo control político de la Unión Soviética antes de la Segunda Guerra Mundial. En ese período, el país mantenía una política de neutralidad y estaba gobernado como una monarquía constitucional.
Durante la guerra, la neutralidad belga no impidió que fuera invadida por la Alemania nazi en mayo de 1940. La ocupación alemana duró hasta 1944, cuando las fuerzas aliadas liberaron el territorio.
En ningún momento la Unión Soviética ejerció autoridad, influencia directa o control administrativo sobre Bélgica. Las relaciones entre ambos países eran limitadas y, tras la liberación, Bélgica se alineó con los aliados occidentales, convirtiéndose en miembro fundador de la OTAN y de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero.