De monarquía a república
Roma fue fundada como una monarquía alrededor del 753 a.C. Según la tradición, sus reyes gobernaron hasta que, en el 509 a.C., el último monarca, Tarquinio el Soberbio, fue expulsado por una revuelta liderada por Lucio Junio Bruto.
Tras este hecho, los romanos establecieron la República Romana, un sistema basado en la participación de magistrados elegidos y del Senado. La república duró casi cinco siglos, marcando una era de expansión y desarrollo institucional.
Del auge republicano al imperio
Las crecientes tensiones sociales, las guerras civiles y la ambición de líderes como Julio César debilitaron la estructura republicana. Tras el asesinato de César y la posterior lucha por el poder, su heredero Octavio (más tarde conocido como Augusto) consolidó su autoridad.
En el 27 a.C., Octavio recibió el título de «príncipe» y se convirtió en el primer emperador, marcando el inicio del Imperio Romano. Desde entonces, Roma dejó de ser una república para convertirse en una monarquía imperial.