Inglaterra pasó de ser un país católico a una nación protestante mediante una serie de cambios políticos y religiosos que se desarrollaron entre los reinados de los Tudor y los Estuardo.
1. Disputas de Enrique VII con la Iglesia
Enrique VII mantuvo enfrentamientos con el papado por los impuestos eclesiásticos y por la influencia del clero inglés, sentando las bases de una creciente tensión entre la Corona y Roma.
2. El divorcio de Enrique VIII
En busca de un heredero varón, Enrique VIII solicitó la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón. Al ser rechazada por el Papa, rompió su autoridad y, mediante el Acta de Supremacía de 1534, se declaró "Supremo Cabeza de la Iglesia de Inglaterra".
3. Disolución de los monasterios
El rey confiscó los bienes de los monasterios, cerró sus instituciones y redistribuyó su riqueza, debilitando enormemente el poder económico y político de la Iglesia católica en el país.
4. La Reforma bajo Eduardo VI
Durante el corto reinado de Eduardo VI, el arzobispo Thomas Cranmer introdujo reformas protestantes, como el Libro de Oración Común y la eliminación de imágenes religiosas.
5. El asentamiento protestante de Isabel I
Isabel I consolidó un protestantismo moderado: el Acta de Supremacía de 1559 reafirmó al monarca como jefe de la Iglesia y el Acta de Uniformidad impuso un rito protestante común.
6. Contra‑reforma y recusancia
Los católicos que se negaron a aceptar la nueva Iglesia fueron perseguidos; muchos fueron encarcelados o ejecutados por su lealtad al Papa.
7. El complot de la pólvora (1605)
Un grupo católico intentó volar el Parlamento y asesinar a Jacobo I. El fracaso del complot reforzó la desconfianza hacia los católicos y consolidó el dominio protestante.
8. Influencia puritana
Durante el periodo Estuardo, los puritanos demandaron reformas más profundas. Su conflicto con Carlos I desencadenó la Guerra Civil inglesa y, brevemente, un gobierno republicano protestante.
9. La Revolución Gloriosa (1688)
La destitución del rey católico Jacobo II y la coronación de Guillermo de Orange y María II establecieron un régimen protestante y sentaron las bases de una monarquía constitucional que limitaba el poder real.
Así, a través de maniobras políticas, reformas eclesiásticas y conflictos sociales, Inglaterra dejó de ser católica y se consolidó como una nación protestante, con la Iglesia de Inglaterra como institución establecida.