1. La revuelta jónica (499‑494 a.C.)
Las ciudades jónicas de Asia Menor, bajo dominio persa, se rebelaron contra el Imperio. Atenas y Eretría enviaron apoyo militar y financiero a los jónicos, lo que enfureció a los persas y sentó las bases del conflicto.
2. Las Guerras Persas (492‑479 a.C.)
En respuesta a la revuelta, Persia lanzó una serie de invasiones a Grecia. Los griegos lograron victorias decisivas en la batalla de Maratón (490 a.C.) y en la batalla naval de Salamina (480 a.C.), frenando la expansión persa.
3. La expansión ateniense (479‑431 a.C.)
Tras la derrota persa, Atenas se convirtió en la potencia dominante y fundó la Liga de Delos, una alianza destinada a proteger a los estados griegos de futuras amenazas persas. Con el tiempo, la liga se transformó en un imperio ateniense, ya que Atenas impuso su voluntad sobre los miembros.
4. La Guerra del Peloponeso (431‑404 a.C.)
El enfrentamiento entre Atenas y Esparta, las dos ciudades‑estado más poderosas, se prolongó durante 27 años. La derrota ateniense debilitó su posición y marcó el fin de la hegemonía que había surgido tras las Guerras Persas.
En conjunto, la revuelta jónica, la respuesta persa y la posterior rivalidad entre Atenas y sus vecinos fueron los factores clave que desencadenaron la larga serie de conflictos entre Grecia y el Imperio Persa.