Revolución política
En el Imperio ruso coexistían dos modelos de gobierno: la monarquía absoluta, representada por el zar, y la idea emergente de una democracia parlamentaria. El Partido Bolchevique, liderado por Vladimir Lenin, León Trotsky y Joseph Stalin, se presentó como defensor de la democracia parlamentaria como paso necesario para transformar el país.
Revolución social
El feudalismo fue abolido apenas en la década de 1860, pero la estructura social siguió dominada por una aristocracia terrateniente que concentraba la mayor parte de la riqueza rusa. El zar era la figura simbólica de esta élite. Los bolcheviques propusieron la igualdad de todos los ciudadanos, sin distinción de clase, y la eliminación de los privilegios heredados.
Revolución económica
La economía del Imperio estaba controlada por la nobleza adinerada, mientras la mayoría de la población vivía en la pobreza. El programa bolchevique abogaba por una distribución equitativa de la riqueza y los recursos, con la finalidad de crear una sociedad sin grandes desigualdades económicas.
En conjunto, estas tres dimensiones –política, social y económica– explican por qué la Revolución Rusa buscó derribar el antiguo orden y construir un nuevo modelo basado en la igualdad y la participación popular.