
Introducción
La historia popular atribuye la muerte de Julio César a un solo hombre: Marco Junio Bruto, inmortalizado por Shakespeare con la famosa frase «¡Et tú, Bruto!». Sin embargo, la realidad es más compleja: en la conspiración participaron dos hombres llamados Bruto: Marco Junio Bruto y Decio Junio Bruto Albino. A continuación, repasamos sus vidas, su relación con César y los motivos que los llevaron a traicionarlo.
Decio Junio Bruto Albino
Decio era primo lejano de César y descendiente de la antigua familia Bruta. Su padre, también llamado Decio, había sido cónsul en el 77 a.C. Decio sirvió bajo César en la Guerra de las Galias y ganó su confianza, convirtiéndose en uno de sus oficiales más cercanos.
A diferencia de Marco Bruto, Decio no tenía una profunda aversión política al dictador. La teoría más aceptada es que aceptó participar en la conspiración a instancias de su primo Marco Bruto, quien buscaba reunir a los senadores más influyentes para garantizar la caída de la tiranía de César.
El 15 de marzo del 44 a.C., Decio estuvo presente en el Senado y, junto a los demás conspiradores, apuñaló a César. Tras el asesinato, se unió a los defensores de la República contra los partidarios de Marco Antonio y Octaviano. Fue derrotado en la batalla de Filipos (42 a.C.) y murió en el intento de huir.
Marco Junio Bruto

Marco Junio Bruto provenía de una familia ilustre: descendía de Lucio Junio Bruto, el legendario fundador de la República. Su madre, Servilia, había sido amante de César, lo que le otorgó una posición privilegiada en la política romana.
Aunque César lo había nombrado heredero político y le había confiado cargos importantes, Bruto se mostró cada vez más crítico con la acumulación de poder que el dictador estaba consolidando. Influenciado por la tradición republicana y por su primo Decio, decidió unirse a la conspiración.
Según la tradición, al ser apuñalado, César habría pronunciado las palabras «¡Et tú, Bruto!», aunque los historiadores modernos dudan de la veracidad de esa frase. Después del asesinato, Bruto huyó de Roma, se alió con Cayo Casio y organizó un ejército para enfrentar a los triunviros.
En la batalla de Filipos, Bruto y Casio fueron derrotados por las fuerzas de Octaviano y Marco Antonio. Tras la derrota, Bruto se suicidó, poniendo fin a su vida y a su intento de restaurar la República.
Legado
Ambos Brutos fueron vilipendiados por los defensores del nuevo orden imperial y recordados como traidores en la literatura posterior, desde Dante hasta Shakespeare. Sin embargo, su acción también simboliza la resistencia a la tiranía y el anhelo de un gobierno republicano en una Roma que se encaminaba hacia el imperio.