
Orígenes y ascenso bajo Sila
Pompeyo no nació en la aristocracia tradicional, sino en la emergente clase ecuestre. Su padre era un rico terrateniente, pretor y excónsul que había sido favorecido por el general Mario, pero que perdió su posición cuando Sila tomó el poder.
Cuando Sila marchó sobre Roma, el joven Pompeyo se alistó en su ejército y se distinguió en la represión de los partidarios de Mario. Sila lo recompensó con un matrimonio: le pidió que divorciara a su esposa y se casara con la hija de una familia cercana a Sila, lo que marcó su lealtad al nuevo régimen.
Pompeyo Magno
A los 25 años obtuvo su primer triunfo tras sus campañas en Sicilia y el norte de África, donde derrotó a los restos de los partidarios de Mario y aseguró el suministro de trigo que alimentaba a Roma. Ese triunfo lo convirtió en el primer romano en celebrarlo a tan temprana edad, rompiendo las normas de edad para cargos públicos.
En los siguientes años conquistó España, exterminó a los piratas que asolaban el Mediterráneo, y derrotó al rey Mitrídates de Ponto. En menos de una década había incorporado a Sicilia, África, Hispania, Grecia, Asia Menor y Siria bajo el control romano, una expansión comparable a la de Alejandro Magno.
Su éxito le valió el título de Imperator por parte de sus soldados y el epíteto Magnus concedido por Sila.
El Primer Triunvirato
En 60 a.C. Pompeyo, Julio César y Craso formaron el Primer Triunvirato, una alianza política que dominó la vida pública romana. Para consolidar el vínculo, César dio su hija Julia en matrimonio a Pompeyo.
El triunvirato enfrentó al Senado, pero pronto se desintegró: Craso murió en la campaña contra Partia y Julia falleció de enfermedad. Sin esos lazos familiares, la alianza se desmoronó y el Senado, temeroso del poder de Pompeyo, se alineó con César.
Guerra civil contra César
Cuando César cruzó el Rubicón en 49 a.C., Pompeyo huyó a Grecia, su zona de influencia, y reunió un ejército mucho mayor que el del cónsul. A pesar de su ventaja numérica y de recursos, Pompeyo subestimó la capacidad estratégica de César y, tras la victoria en la batalla de Dyrrachium, decidió no perseguir al enemigo.
El Senado, convencido de que la victoria estaba al alcance, presionó a Pompeyo para que atacara, pero él dependía de la opinión de sus colegas y carecía de una visión propia, lo que resultó fatal.
Farsalia y la caída
En la decisiva batalla de Farsalia (48 a.C.) las fuerzas de Pompeyo (≈60 000 hombres) se enfrentaron a las de César (≈23 000). Aun con superioridad numérica, Pompeyo fue derrotado por la mayor habilidad táctica de César.
Esta fue la única derrota de su vida, pero marcó el fin de su carrera política y militar. Tras la batalla, Pompeyo huyó a Egipto, donde fue asesinado por orden del joven faraón Ptolomeo XIII, temeroso de provocar la ira de César.
Su cabeza fue entregada a César, quien, conmovido, la recibió y mostró clemencia, recordando a Pompeyo como un rival, un cuñado y, sobre todo, como un amigo irremplazable.
Legado
Pompeyo quedó como una figura compleja: un genio militar sin una ideología clara, capaz de lograr hazañas extraordinarias pero incapaz de forjar su propio destino político. Su vida sigue siendo objeto de debate entre historiadores, que valoran tanto sus triunfos como sus errores.