En la terminología militar del siglo XVI, mozo alude tanto a la juventud como al servicio doméstico que prestaban los soldados. No era raro que un joven de apenas catorce o quince años acompañara a su señor como mozo de cuartel (portador de equipaje, ayudante de armas, sirviente de caballería, etc.). Sin embargo, la imagen romántica de que todos eran niños es equivocada: muchos tenían entre dieciocho y veintidós años y desempeñaban tareas que requerían cierta madurez y fuerza.
Edad y normativa
Tras la guerra contra el rey de Francia y el Tratado de Crépy (1544), el emperador Carlos V ordenó la demobilización de tropas. En la orden de enero de 1544 se limitó la edad mínima de los mozos no españoles, mientras que los españoles podían seguir sirviendo sin restricción, pues se consideraba que su familia era el propio regimiento. Así, aunque había niños menores de quince años, también existían «mozos de edad competente» que cumplían funciones esenciales en el campamento.
Los “españoles”
En 1517, el virrey de Nápoles Ramón de Cardona se quejó de que 6.000 soldados que regresaban a Nápoles eran italianos y no españoles. Su solución fue reclutar mozos españoles, es decir, jóvenes locales que, al servir como ayudantes, podían naturalizarse con el tiempo. Las ordenanzas de 1536 prohibían el despido de extranjeros, salvo de borgoñones, italianos y sardos, lo que muestra la importancia de los mozos como vía de incorporación al ejército español.
Funciones y relación con sus señores
Los mozos realizaban múltiples tareas: transporte de agua, carga de equipaje, cocina, limpieza, compras, recolección de forraje, cuidado del caballo y armado del soldado (colocación de corazas y armas). En campañas, a veces tomaban posición en la fila y portaban las armas de sus amos, aunque las ordenanzas lo prohibían en salidas o llegadas a poblados.
Tras la batalla o el asalto a una fortaleza, participaban en el saqueo y en la recogida de botín, quedándose una parte y entregando el resto a sus patrones. También se encargaban de tareas más crudas, como el desguace de cadáveres. Durante los asedios se les consideraba "bocas inútiles" y recibían raciones menores; en algunos casos eran expulsados del sitio bajo presión del enemigo.
Los mozos estaban sujetos a la disciplina militar y podían ser azotados o robados, aunque no se aplicaban penas especiales respecto a los soldados. El abuso físico y emocional por parte de sus amos era frecuente, lo que llevaba a muchos a buscar un señor más benévolo dentro del mismo ejército.
Casi soldados
Aunque no estaban formalmente reclutados como combatientes, los mozos a menudo participaban en acciones de combate. En el asedio de Milán (1526) y en la toma de Gante (1580) bajo Alejandro Farnesio, los mozos acompañaron a los soldados, encendiendo fuego y persiguiendo a la población. En los saqueos, su violencia era tan intensa como la de los soldados, llegando a matar y robar sin piedad.
En ocasiones, se formaban escuadrones de mozos para dar la impresión de mayor número de tropas, lo que tenía una utilidad táctica.
Cuadros muertos y fraude
Algunos oficiales, en connivencia con los suministradores, registraban a los mozos como soldados para dotarlos de armas y pagarles. Este fraude era tolerado pese a las sanciones ocasionales.
Cuántos mozos acompañaban a una compañía
Las recomendaciones variaban: Londoño sugería un mozo por cada diez soldados; los rebeldes de 1538 pedían uno por cada dos soldados de infantería y uno por cada coraza. Las cifras reales oscilaban entre uno por cada tres y uno por cada cinco soldados, dependiendo de la campaña y la zona. Por ejemplo, en la expedición a Viena (1532) se contabilizaron 6.000 mujeres y mozos para 10.400 infantes españoles, lo que equivale a un mozo cada tres soldados.
Conclusión
Los mozos y mochileros fueron esenciales para el funcionamiento de los Tercios del siglo XVI. Su trabajo permitía a los soldados concentrarse en el combate, mientras ellos se encargaban de la logística, el apoyo y, en ocasiones, de la violencia del saqueo. Muchos de ellos crecieron dentro del ejército, aprendieron el oficio de soldado y, con el tiempo, pudieron incorporarse formalmente a la infantería española.
Así, un joven que iniciaba como mozo podía, a los veinte años, haber adquirido toda la experiencia de la guerra, desde el manejo de armas hasta la disciplina militar, convirtiéndose en un elemento indispensable de la máquina bélica del Imperio español.
Notas
[1] Referencia a la saga del Capitán Alatriste, cuyo primer paso fue como mochilero.
[2] Julián Romero, famoso militar, comenzó como mochilero o tamborilero.
[3] Citas de Carlos Coloma, Guerras de los Estados Bajos (1588‑1599).
[4] Carta de Ramón de Cardona a la Corona, 5 octubre 1517 (BNE, MSS/20210/11/1).
[5] Raymond Fagel, De Hispano‑Vlaamse Wereld (1996), cifras de extranjeros en compañías españolas, 1546.
[6] Artículo 19 del Reglamento del Ejército de Metz (1552).
[7] Documento facilitado por el Prof. Raymond Fagel, parte de su proyecto final.
[8] Detalle del proceso de reclutamiento y embarque de tropas en el siglo XVI.