El valor estratégico del clima en la Segunda Guerra Mundial
La Segunda Guerra Mundial no solo se luchó por recursos y territorios; la información fue un arma crucial. Entre los datos más valiosos estaba el pronóstico del tiempo, esencial para planificar operaciones navales y aéreas, ya sea para ocultar convoyes o para garantizar la visibilidad de los bombardeos.
Los Aliados contaban con una extensa red de estaciones meteorológicas en Norteamérica, Groenlandia e Islandia, lo que les permitía elaborar previsiones mucho más precisas que las de la Alemania nazi.

La respuesta alemana
Para contrarrestar esta ventaja, los alemanes enviaron aviones, barcos y submarinos modificados con el objetivo de recopilar datos climáticos inaccesibles de otro modo. Estas misiones resultaron peligrosas y poco rentables; muchos buques y submarinos fueron detectados y hundidos por los Aliados. Los nazis comprendieron que necesitaban estaciones fijas en territorio estadounidense.
Siemens fue la encargada de diseñar la estación meteorológica automática "Wetter‑Funkgerät Land" (WFL). Se construyeron 26 unidades: 14 para regiones árticas y subárticas (incluida Groenlandia), 5 para la costa del Mar de Barents y 2 destinadas a Norteamérica.
Cada unidad disponía de dos mástiles con anemómetro y telemetría, alimentados por baterías recargables de níquel‑cadmio con autonomía de hasta seis meses.

Instalación en Labrador
Solo una de las estaciones norteamericanas llegó a instalarse con éxito. El submarino U‑537, bajo el mando del capitán Peter Schrewe y con dos meteorólogos a bordo, transportó los equipos. El viaje estuvo plagado de incidentes: el submarino chocó contra un iceberg, perdió su cañón antiaéreo y sufrió una fuga que le impidió sumergirse.
El 22 de octubre de 1943 arribó a la costa norte de Labrador, Canadá, y ancló en Martin Bay. Tras comprobar que la zona estaba deshabitada por inuit, los tripulantes descargaron los componentes en balsas inflables y los instalaron en la península de Hutton.

La estación llevaba el logotipo de la ficticia "Canadian Weather Service" y, para dar mayor credibilidad, se dejaron paquetes vacíos de cigarrillos estadounidenses alrededor, intentando confundir a cualquier civil que la encontrara. Cabe destacar que aquel territorio formaba parte del Dominio de Terranova, que no se incorporó a Canadá hasta 1949.
28 horas después, el U‑537 inició su regreso. En el Gran Banco de Terranova se topó con una patrulla y varios aviones de caza canadienses que realizaron tres ataques sin lograr hundirlo. El 8 de diciembre, tras 70 días en alta mar, volvió al puerto de Lorient (Francia). Más tarde fue enviado a las Indias Orientales Holandesas, donde fue hundido por el submarino estadounidense USS Flounder.
Descubrimiento y legado
La estación continuó transmitiendo datos a Alemania hasta el final del conflicto, cuando fue abandonada. En 1977, el geomorfólogo Peter Johnson, investigando cerca de Martin Bay, encontró el artefacto y lo tomó por un puesto militar canadiense sin mayor sospecha.
Al mismo tiempo, Franz Selinger, ingeniero jubilado de Siemens que redactaba la historia de la empresa, halló documentos que revelaban la existencia de la estación secreta y alertó al gobierno canadiense.
El hallazgo oficial se produjo en 1981, exactamente en el mismo lugar donde los alemanes la dejaron. La unidad fue desmantelada y trasladada al Museo de la Guerra en Ottawa, donde se conserva como testimonio de una audaz operación de espionaje meteorológico.