Ubicación y características
Heligoland (en alemán Helgoland) y Düne son dos diminutas islas situadas en el Mar del Norte, pertenecientes al estado federado alemán de Schleswig‑Holstein, a setenta kilómetros de la costa continental. En distintas épocas formaron parte de Dinamarca y del Reino Unido.
Heligoland, la mayor y más conocida, mide menos de dos kilómetros de largo y alberga un pintoresco pueblo de aproximadamente 1.500 habitantes, con puerto, helipuerto y un hospital. Düne, por su parte, es sólo una pequeña franja de tierra rodeada de playa, con espacio suficiente para una pista de aterrizaje y un campamento.
Ambas islas están tan próximas que en el pasado estuvieron unidas por bancos de arena, hoy sumergidos a profundidades de uno a cuatro metros debido a la erosión, las mareas y las tormentas.
Geología y monumentos
Heligoland se hunde poco a poco; su zona sur (Unterland) está bajo el nivel del mar, mientras que el punto más alto, Oberland, apenas alcanza los 61 m. Gran parte de la costa, incluido el perímetro de Düne, está protegida con espigones.
Uno de los más emblemáticos rodea a Lange Anna (Ana la Larga), una aguja de piedra de 46 m que se mantuvo erguida tras el derrumbe de un acantilado adyacente. Un anillo de hormigón teñido de rojo rodea la base para evitar que el viento y el mar la derriben. El color hace referencia a la característica geológica de Heligoland: la roca rojiza intensa que tiñe de tonalidades singulares sus acantilados, algo inusual en estas latitudes.
Historia
Habitada desde la prehistoria, la posesión de Heligoland siempre fue objeto de disputas; en el siglo XIX llegó a ser una moneda de cambio en la diplomacia europea. Los alemanes establecieron una base naval y, durante la Primera Guerra Mundial, se libró allí la primera batalla naval del conflicto.
En la Segunda Guerra Mundial la isla recibió la primera bomba aliada sobre territorio alemán. La RAF y la Marina británica la bombardearon intensamente, dejando numerosos cráteres que aún se pueden observar. Según una leyenda local, los británicos intentaron “borrar” la isla; aunque no lograron destruirla por completo, siguieron utilizándola como blanco de tiro hasta 1952, año en que fue devuelta a Alemania y la población civil repobló la zona.
Situación actual y turismo
Hoy ambas islas viven del turismo. Reciben visitantes en ferri (aprox. 3 h), aviones ligeros o cruceros. Son exentas de impuestos en productos como alcohol, tabaco, chocolate y combustible.
Los vehículos privados, incluidas bicicletas, están prohibidos (excepto los de servicios de seguridad y salud, que son eléctricos). En materia energética, las islas son autosuficientes, generando electricidad mediante fuentes renovables y disponiendo de una planta de desalinización.
Los turistas pueden recorrer Heligoland a bordo de un tren turístico que recorre la isla en 20 minutos y subir en ascensor (o escaleras) a Oberland para disfrutar de vistas panorámicas. Los fondos marinos son también un gran atractivo: buceadores llegan atraídos por la fauna (focas, leones marinos) y por los yacimientos arqueológicos submarinos. La isla fue identificada con la morada del dios escandinavo Forseti, equivalente a Poseidón, y algunos pensaron que allí se encontraba la Atlántida, confundiendo formaciones submarinas con restos arquitectónicos.
Heligoland tiene además un valor cultural: en 1841 el poeta August Heinrich Hoffmann von Fallersleben compuso allí la letra del himno teutónico, cuya música es de Haydn.