Introducción
Durante mucho tiempo los historiadores militares han atribuido el éxito de la infantería británica contra sus rivales franceses al poder de fuego de sus mosquetes, fruto de la formación en línea doble frente a las líneas triples o falanges francesas. Esa visión, aunque parcialmente cierta, pasa por alto otro elemento esencial: la preponderancia del bayón.
El bayón como “reina de la batalla”
Los franceses ya utilizaban la carga de bayoneta en la década de 1680, a menudo sin disparar. En la Gran Guerra del Norte, Carlos XII combinó el ataque con descargas a quemarropa justo antes de la carga. Los teóricos militares de la época, como de Follard y de Saxe, también defendían la ofensiva precedida de fuego. Federico el Grande aplicó la táctica en las Guerras de Silesia, pero después la sustituyó por una infantería capaz de disparar hasta siete disparos por minuto.
La disciplina británica
Los británicos aprovecharon rasgos nacionales como la serenidad y la determinación. Entrenaron a sus soldados, en su mayoría provenientes de los estratos más bajos, para que mantuvieran el fuego en absoluto silencio hasta recibir la orden exacta. A una distancia de 30, 20 o incluso 15 m, apuntaban al torso del enemigo, disparaban una o dos volandas devastadoras y, sin perder el orden, levantaban el fusil y cargaban con el bayón contra una tropa aturdida.
Impacto psicológico
El estruendo de los disparos seguidos de la “selva” de bayonetas provocaba una ruptura moral en las filas francesas, que a menudo huían desordenadas. Los relatos de oficiales británicos describen una marcha lenta y silenciosa seguida de un grito de “¡Fuego!” y una carga que los enemigos no pudieron resistir.
Testimonios
“Nos acercábamos lentamente y en silencio. Cuando estábamos a 100 m soltamos un fuerte grito y avanzamos. La compostura británica contrastaba con la nuestra; esperábamos el disparo sin que nadie dejara la línea”, escribió un oficial británico en su diario.
“Formamos una línea contra ellos y cargamos con tres formaciones. Todo era muerte. No pudieron aguantar nuestro silencio y nuestro ataque decisivo”, relató un soldado anónimo.
“Después del primer disparo solo se escuchó la voz calmada de los oficiales diciendo ‘¡Firme, muchachos!’,” recuerda otro soldado.
La visión francesa
El coronel francés Bouzot describió la “línea roja” como “una larga pared roja”. Señaló que, a pesar del ruido y la confusión de su propio avance, los británicos permanecían inmóviles y con los fusiles listos. Cuando finalmente alzaron sus armas, una lluvia de disparos concentrados “congeló” a los franceses, que respondieron con disparos desordenados antes de romper su cohesión y huir.