Orígenes y primeros años
La vida de Constantino el Africano parece sacada de una novela de aventuras o de una película épica. Nacido alrededor del año 1020 en una zona bajo dominio árabe—posiblemente Cartago o Sicilia—y de ascendencia púnica, creció como musulmán.
El monje benedictino Pedro el Diácono, que escribió varios relatos históricos unos años después de su muerte, lo describió como "sarraceno", término medieval para los musulmanes del norte de África.
Viajes por el Oriente y estudios médicos
Desde el norte de África emprendió un largo periplo que lo llevó a Egipto, Siria, Etiopía, Persia e India. Pasó varios años en Bagdad, centro multicultural donde absorbió conocimientos de gramática, lógica, física, geometría, aritmética, astronomía y, sobre todo, medicina.
Según el biógrafo del siglo XIX Joseph‑François Malgaigne, Constantino «aprendió gramática, lógica, física, geometría, aritmética, matemáticas, astronomía, necromancia y música», aunque su verdadera pasión fueron los textos médicos que coleccionó y estudió intensamente.
Alrededor de los cuarenta años decidió regresar a Cartago, pero hizo una parada en Italia.
Regreso a Italia y la escuela de Salerno
En Italia se estableció en Sicilia, donde era conocido como Constantino Siculus, y pronto se trasladó a Salerno, ciudad famosa por su escuela médica. Allí trabajó como intérprete para el médico Abbas de Curiat, proveniente de una pequeña isla frente a Mahdia (actual Túnez).
Cuando Abbas se enfermó, el tratamiento musulmán resultó mucho más eficaz que el de un médico cristiano, lo que despertó en Constantino la inquietud por la calidad de la medicina europea.
Decidió entonces ejercer la medicina en Cartago durante tres años, basándose únicamente en los conocimientos adquiridos de los libros que había traducido.
Una acusación de brujería lo obligó a abandonar Cartago y regresar a Salerno, donde la escuela de medicina—fundada en el siglo IX por monjes benedictinos—ya gozaba de renombre internacional. Allí se reencontró con la comunidad académica que combinaba saberes clásicos griegos y latinos con obras árabes de Averroes, Avicena, Razi y otros.
Traducciones y aportes a la medicina occidental
En Salerno Constantino aprovechó su dominio de varios idiomas para traducir al latín manuscritos árabes y griegos. Fue nombrado Magister orientis et occidentis y, según la tradición iconográfica, se le representa con un vaso de orina, instrumento que utilizaba para diagnósticos.
Entre los autores que popularizó en Occidente se encuentran Ibn al‑Jazzar, Johannitius, Hipócrates, Galeno, Philaretus, Razi e Isaac de Toledo. Sus traducciones, aunque a veces libres y sin citar al autor original, fueron la vía principal por la que estos textos circularon hasta el siglo XVII.
También tradujo los tratados de Isaac Israeli ben Solomon, el médico judío más destacado del califato Fatimí, convirtiendo el “Kitāb Kāmil aṣ‑Ṣināʿa aṭ‑Ṭibbiyya” en el famoso Liber Pantegni, aunque sin reconocer a su verdadero autor, Haly Abbas.
Últimos años y legado
Más tarde fue secretario del duque normando Roberto Guiscard, a quien había curado una flecha envenenada en Palestina. Finalmente ingresó en la orden benedictina, pasó sus últimos años en el monasterio de Montecassino traduciendo manuscritos, y falleció en una fecha indeterminada entre 1087 y 1098.
En esencia, Constantino el Africano abrió la medicina occidental a los conocimientos musulmanes, judíos y griegos, marcando un salto gigantesco en la historia de la ciencia médica.