Junto con otros avances técnicos, la agricultura y la ganadería constituyen la principal innovación del período, conocida como la revolución neolítica.
La completa sedentarización del ser humano propició la aparición de aldeas que combinan actividades agrícolas y pastorales; la población creció, surgió una división especializada del trabajo y el poder se organizó bajo autoridades.
Se estableció un intercambio activo mediante transportes fluviales y terrestres.
El núcleo de Jericó, fundado alrededor del 8000 a.C. en Palestina, representa una etapa preliminar de las civilizaciones urbanas.