La peste negra fue una enfermedad causada por la bacteria Yersinia pestis, que desencadenó una pandemia a mediados del siglo XIV, acabando con aproximadamente un tercio de la población europea. Este brote formó parte de los factores que profundizaron la crisis de la Baja Edad Media, como las revueltas campesinas, la Guerra de los Cien Años y el declive de la caballería medieval.
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Origen y propagación de la Peste Negra
La peste negra se originó en Asia, concretamente en China. Llegó a Europa a través de las rutas comerciales que conectaban el continente asiático con el Mediterráneo, desembarcando en puertos como Venecia y Génova. Se estima que aproximadamente un tercio de la población europea fue diezmado por la enfermedad.
Inicialmente, la enfermedad se transmitió mediante ratas y, sobre todo, pulgas infectadas que mordían a las personas, permitiendo que la bacteria se multiplicara en su tracto digestivo. En una fase más avanzada, la transmisión también se dio por vía aérea, a través de estornudos y gotículas.
Las precarias condiciones de higiene y vivienda de las ciudades medievales favorecieron la proliferación de ratas y pulgas, facilitando la rápida expansión del contagio.
En ese contexto, se culpó a pueblos extranjeros, especialmente a los judíos, que fueron presentados como chivos expiatorios. Miles de judíos fueron asesinados durante los brotes.

Una de las expresiones artísticas que intentó comprender el fenómeno mortal fue la “Danza Macabra” o “Danza de la Muerte”. Estas pinturas mostraban esqueletos bailando junto a personas de todas las clases – nobles, clérigos, artesanos y campesinos – subrayando la inevitabilidad y universalidad de la muerte.
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Síntomas de la Peste Negra
En ausencia de conocimientos médicos avanzados, la causa de la enfermedad era desconocida y no existían tratamientos ni medidas de saneamiento eficaces. La enfermedad recibió el nombre de “negra” por las manchas negras que aparecían en la piel de los infectados, acompañadas de inflamación de ganglios linfáticos en áreas como la ingle y las axilas.
Estos bultos, conocidos como “bubones”, caracterizan la forma bubónica de la peste. La muerte era dolorosa, rápida y, en muchos casos, ocurría entre dos y cinco días después de la infección.