Pacto de no agresión germano-soviético (Pacto Ribbentrop‑Molotov)
Por Cláudio Fernandes
En 1939, en medio de la creciente tensión política que desembocó en la Segunda Guerra Mundial, Alemania y la Unión Soviética firmaron un acuerdo de no agresión, conocido como el Pacto germano-soviético o Pacto Ribbentrop‑Molotov.

El pacto fue suscrito el 23 de agosto de 1939 por los ministros de relaciones exteriores de ambos regímenes, Joachim von Ribbentrop y Vyacheslav Molotov. En su texto principal se establecía que, si Alemania entraba en conflicto con Reino Unido o Francia a causa de una invasión a Polonia, la URSS se mantendría neutral y no intervendría militarmente.
Sin embargo, el documento incluía un protocolo secreto que delineaba la división de la esfera de influencia en Europa del Este. Ese anexo revelaba el interés soviético en territorios polacos y en otras áreas que la política nazi del Lebensraum pretendía conquistar.
Tras la invasión alemana a Polonia, la Gestapo y la SS, junto con la NKVD soviética, comenzaron a capturar prisioneros en los territorios ocupados y a intercambiarlos según sus necesidades.
En la práctica, la división territorial entre ambas potencias se materializó en la anexión de varios países: la URSS incorporó la región de Carelia finlandesa, los tres Estados bálticos, el este de Polonia y la Bucovina; mientras que Alemania se anexó el oeste de Polonia, Alsacia‑Lorena y partes de Eslovenia.
En 1941, con la guerra expandiéndose más allá de Europa, los nazis mostraron interés por los recursos económicos de la Unión Soviética. Las crecientes diferencias políticas e ideológicas entre Hitler y Stalin, especialmente la ambición alemana de expandirse hacia tierras eslavas, provocaron la ruptura del pacto. La URSS abandonó la neutralidad, se unió a los Aliados y, en los años posteriores, contribuyó a la derrota del Tercer Reich.
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