Contexto estratégico
Tras la jubilación del almirante Turner, el general Vandegrift heredó una situación crítica. La 1ª División de Infantería de Marina estadounidense ocupaba un enclave en Guadalcanal que comprendía una pista de aterrizaje en construcción y unas pocas hectáreas de terreno circundante, todo ello inmerso en una densa y hostil selva donde se ocultaban restos de tropas japonesas y equipos de ingenieros. El mar de la zona estaba dominado por la flota imperial japonesa, que patrullaba continuamente fuera del alcance de la artillería del enclave.
Los japoneses, decididos a aniquilar la división, lanzaron ataques de submarinos y cruceros, desembarcaron avanzadas de 200 hombres y mantuvieron intensos bombardeos aéreos sobre el futuro “Henderson Field”.
Desafíos logísticos y la construcción de Henderson Field
El principal objetivo de Vandegrift era defenderse de ataques anfibios y terrestres mientras completaba la pista para que los aviones estadounidenses pudieran operar desde ella. La tarea resultó inmensamente difícil porque gran parte del equipo esencial había quedado en los buques de Turner: sólo 18 rollos de alambre de púas, sin minas antitanque ni antipersonal, y sin herramientas básicas como hachas, sierras o picos.
Afortunadamente, los japoneses habían abandonado equipos pesados: cuatro tractores, seis rodillos, doce camiones y dos locomotoras diésel con tender, que los marines reutilizaron para acelerar la obra.
La primera ofensiva japonesa
El 20 de agosto los primeros aviones estadounidenses (19 cazas "Wildcat" y 12 bombarderos "Dauntless") aterrizaron en Henderson Field. Horas después, los japoneses, procedentes del este, iniciaron su ofensiva. La Radio Tokio, bajo la dirección del almirante Mikawa, proclamó haber aislado a Australia y derrotado al poder naval anglo‑americano, describiendo a los marines como “ephemera que se queman en su propio fuego”. Estas declaraciones eran propaganda destinada a elevar la moral japonesa, pero reflejaban la subestimación que muchos oficiales superiores tenían de los marines.
El teniente general Hyakutake, al mando del XVII Ejército del Pacífico Sur, recibió la orden de "eliminar" a los estadounidenses. Confiando la misión al mayor general Kawaguchi y a la brigada de infantería XXXV, se decidió enviar, en dos oleadas, al regimiento del coronel Ichiki y a una unidad de desembarco naval especial.
La batalla de Tenaru
El coronel Ichiki, veterano de la guerra en China, recibió informes de inteligencia que subestimaban la fuerza de los marines (máximo 2.000 hombres) y exageraban su bajo ánimo. Convencido de la superioridad japonesa, decidió atacar sin esperar al segundo cuerpo. El 21 de agosto, al amanecer, Ichiki lanzó un asalto con bayonetas contra el flanco este de la posición de Vandegrift. Los marines respondieron con fuego mortal desde posiciones cuidadosamente preparadas, obligando a los japoneses a retroceder al otro lado del río Ilu.
Vandegrift ordenó a un batallón de reserva rodear y aniquilar al enemigo. Al caer la tarde, los japoneses estaban completamente rodeados; comenzó la fase final conocida como la “Batalla de Tenaru”. Bombardeos de aviones estadounidenses, fuego de artillería y el avance de tanques ligeros estadounidenses empujaron a los japoneses paso a paso hacia la playa. Los tanques, al pasar, trituraron tanto muertos como heridos.
Los sobrevivientes japoneses se negaron a rendirse. Vandegrift describió los tanques como “molinos de carne”. Muchos se inmolaron con granadas en lugar de ser capturados, ejemplificando la frase japonesa de luchar “hasta el último aliento”. Solo unos pocos, liderados por Ichiki, lograron escapar hacia la costa este; el coronel se suicidó practicando seppuku.
Reforzamientos y la lucha por Henderson
La victoria en Tenaru quedó inmortalizada en el Marine Corps Memorial, pero Vandegrift sabía que era solo el preludio de ataques más fuertes. El almirante Tanaka, a cargo de la fuerza de refuerzo, organizó el envío de una segunda oleada que incluía cruceros ligeros y destructores, apodados “las ratas” por sus nocturnas entregas de suministros. Los aviones de Henderson Field detectaron y obligaron al retroceso de esta fuerza.
Ante la imposibilidad de operar con seguridad en las aguas costeras, los japoneses recurrieron a embarcaciones rápidas nocturnas. Los intentos de usar barcazas más grandes resultaron desastrosos. A finales de agosto, los “ratones” realizaban viajes nocturnos con la precisión de trenes de alta velocidad, pero el fuego de artillería estadounidense mantenía a los marines bajo constante amenaza.
Vandegrift, sin conocimiento de los movimientos japoneses al este y al oeste, desplegó a los comandos de la colonia Edson, a los paracaidistas de Tulagi y, el 7 de septiembre, lanzó una incursión nocturna sobre Taivu, una de las principales bases japonesas. La operación fue un éxito total: los japoneses apenas dejaron operadores de señales y se retiraron a la selva, dejando al ejército estadounidense valiosos suministros e información crucial sobre el inminente ataque de Kawaguchi.
Conclusiones
La resistencia de los marines en Guadalcanal, pese a la escasez de equipamiento y la superioridad numérica japonesa, demostró la efectividad de una defensa bien organizada, el valor del apoyo aéreo y la importancia de la inteligencia táctica. La batalla de Tenaru marcó el inicio de una campaña que, a través de sacrificios y determinación, cambió el curso de la guerra en el Pacífico.